Carancho

Crítica de Hugo Fernando Sánchez - Subjetiva

Riesgo y acierto

Instalado desde hace tiempo por la crítica y el público como el gran actor nacional, un mérito que Ricardo Darín se ganó a fuerza de talento en los muchos personajes que le tocó dar vida en los últimos años, en este momento ocupa una posición que le permite elegir los proyectos que mejor le sienten a su perfil. Sin embargo, a los 53 años, el actor asume riesgos que otros colegas no tomarían, como trabajar en un policial negro como Carancho con un director como Pablo Trapero (Leonera, El bonaerense, Mundo grúa), uno de los prestigiosos realizadores emergentes del llamado Nuevo Cine Argentino que nunca tuvo en sus películas a una figura de la talla de Darín.

Y la apuesta sigue con Sosa, un abogado que perdió su licencia –el film nunca aclara el por qué- y ahora se dedica a “caranchear”, esto es, conseguir clientes rondando las guardias de los hospitales, siguiendo ambulancias, presentándose en los velorios, siempre con la complicidad de la policía, médicos, enfermeras y funcionarios judiciales, un entramado en onde todos colaboran por quedarse con la parte del león que las víctimas cobran como indemnización de las aseguradoras. Es decir, Sosa-Darín, se sumerge en un mundo sórdido (para el personaje y también alejado de la historias que lo involucran como actor), plagado de violencia, despliegue físico y eso sí, en el camino de los anti héroes habituales en la carrera del protagonista de El secreto de sus ojos.

Lo cierto es que además de la presencia de Darín, verdadero motor de Carancho, la película cuenta con Martina Guzmán, esposa de Trapero y protagonista exquisita de Leonera, que aquí encarna a Luján, una joven médica del interior del país que pronto comienza a ser parte de un mundo ominoso y corrupto, que primero la llevará a confrontar con Sosa y luego al amor con destino trágico.