Capitán América y el soldado del invierno

Crítica de Alan Echeverría - Cinéfilo Club

Súper soldado recargado

Marvel parece no tomarse descanso y cada vez más títulos emergen, con primeras, segundas partes y con un estilo que aparenta haber encontrado la receta justa para conectar y satisfacer al espectador. En ese cóctel que combina acción, adrenalina y cucharadas justas de picardía y humor, las proyecciones que exponen las andanzas de los héroes no sólo simplemente entretienen, sino que además convencen al punto tal de animarse a explorar lo próximo que salte a la gran pantalla, incluso para quienes no han tenido la oportunidad de leer todos los cómics. Y mucho de eso hay en esta entrega del súper soldado, figura que no había sido correctamente sondeada en cuanto a su incursión cinematográfica. Pero también vale destacar que el lanzamiento de la ultra taquillera The Avengers en el año 2012 ha servido como impulso y ayuda para que se ponga mayor énfasis de asistencia y de expectación en cada obra vinculada a la productora.
Nuevamente contamos con Chris Evans, a sus anchas por su porte y musculatura que le exige el rol de encarnar a Steve Rogers-Capitán América, escoltado de la siempre sensual Scarlett Johansson como Viuda Negra en una aventura que involucra también a Robert Redford como Alexander Peirce, un importante dirigente de la S.H.I.E.L.D. Allí, las cosas no marchan del todo bien puesto que la seguridad mundial se halla en peligro tras una serie de manejos y amenazas que se irán desentramando durante el transcurso de la historia. A nuestros protagonistas se les une Halcón (Anthony Mackie) y, en conjunto, son los encargados de llevar a cabo diversas acciones a fin de remediar el potencial y caótico escenario que se empieza a presenciar.
Capitán América y el soldado del invierno arranca con chispa, y con mucha fuerza. El vigor y el desenfreno que portan las secuencias de enfrentamientos lógicamente se posicionan del flanco que agrupa a los puntos más altos del film, algo que se anuncia en su sugerente tráiler. Las batallas cuerpo a cuerpo son veloces, dinámicas, cooperando la mano del director al añadir movimientos de cámara ágiles que refuercen ese estímulo con el que se invita al espectador a relamerse. Pero no todo se ubica en la parafernalia a la que se recurre para las disputas; a la finalización de cada evento desbordante de acción, ante el auge, le sigue naturalmente una caída de ritmo que podría ser menos vertical de lo que acaba siendo. Esa intermitencia de matices o dificultad para encontrar puntos medios quizás sea uno de los aspectos menos positivos de la cinta.
Interesante resulta la indagación que se hace sobre el personaje de Steve Rogers, en una búsqueda interior y melancólica orientada hacia el pasado que el propio protagonista refleja a partir de interrogantes sobre su condición actual.
La película deja un buen sabor, principalmente por el avasallamiento (para nada invasivo ni molesto, sino todo lo contrario) de imágenes en las cuales nuestro héroes nos regalan un gran abanico de saltos, patadas, golpes de puño y todo aquello que contagie de energía al público. El balde de pochoclos es una condición innata para el visionado de Capitán América y el soldado del invierno.

LO MEJOR: la dinámica de las escenas de enfrentamientos y todo lo que rodea a este tipo de secuencias, como la recurrencia a la no musicalización para alertar más los sentidos y la concentración. La química entre los personajes. Las buenas participaciones de Redford y Samuel Jackson. Entretenida y vistosa.
LO PEOR: un poco más de dos horas de metraje quizá sea mucho para narrar este tipo de historias. Momentos de declive agudo de ritmo.
PUNTAJE: 7