Capitán América: Guerra civil

Crítica de Matias Seoane - Alta Peli

Ocho años después del estreno de Iron Man, que dio inicio al MCU, comienza la Tercera Fase con la llegada Capitán América: Civil War. Las reglas del universo compartido están establecidas y ahora es momento romper con algunos de esos parámetros.

Post-Ultrón

Vamos a dejar en claro dos cosas desde el principio para poder avanzar sin esa mochila a cuestas: Primero, aunque el título sea Capitán América: Civil War, es una película de los Avengers y no debería verse como algo aislado o independiente, tanto de lo que vino antes como de lo que vendrá después. Segundo, aunque tenga algunos puntos de contacto, NO ES EL COMIC. Ir esperando una transcripción de aquellas páginas históricas puede resultar en una decepción innecesaria porque aunque hay unas cuantas referencias para el público seguidor de las publicaciones de Marvel, el desarrollo del conflicto tiene poco que ver con la versión en papel.

Los dos temas principales que darán forma a la película son presentados desde los minutos iniciales, primero revelando información sobre el pasado de Bucky Barnes como asesino a las órdenes de Hydra y luego mostrando a la nueva formación de los Avengers en Nigeria rastreando a Crossbones, uno de los últimos agentes de Hydra que quedaran activos después los eventos en El Soldado del Invierno. Así como la invasión Chitauri llevó a la creación de Ultrón, la catástrofe de Sokovia puso en el ojo de la tormenta a los Avengers por lo que cuando el aún poco experimentado grupo no puede evitar las bajas civiles durante la misión, los gobiernos del mundo reciben grandes presiones de la opinión pública para encontrar una forma de controlar a los Avengers. La solución parece ser la firma del Acuerdo de Sokovia, un documento que pone a la organización hasta entonces independiente bajo autoridad de las Naciones Unidas, dándole jurisdicción internacional pero quitándole la decisión final sobre cuándo y dónde intervenir. Es en este punto donde renacen algunas de las diferencias que ya separaron a Steve Rogers y Tony Stark en el pasado, porque aunque ambos se sienten responsables por las vidas que no pudieron salvar, Tony vuelve a mostrarse a favor de una autoridad fuerte al mando, mientras Steve cree que la burocracia sólo los hará mas lentos e ineficaces, además de preocuparle el tener que dejar en manos de políticos decidir quienes son aliados y quienes enemigos.

Sin embargo la ruptura del grupo se mantiene diplomática hasta que entra en la ecuación el amigo de la infancia del Capitán América, quien lleva tiempo viviendo en la clandestinidad y tratando de recuperar sus recuerdos. Aunque para las autoridades sigue siendo un criminal buscado, Steve sabe que las acciones de Bucky no fueron voluntarias pero defenderlo lo pondrá definitivamente en el bando opuesto de la versión legal de los Avengers dirigida una vez mas por Tony Stark. Los fundadores del grupo tienen motivos de sobra para caerse mal y el Acuerdo de Sokovia sólo les da la excusa para dejar fluir esos enojos guardados en su corta carrera juntos, pero no faltarán tampoco motivos nuevos para separar a los Avengers y forzarlos a luchar entre sí.

Pasado, presente y futuro
Todas están dentro de un mismo universo compartido, pero Marvel viene presentando dos clases de historias diferentes dentro de ese conjunto. Mientras algunas como Ant-Man, o Guardianes de la Galaxia son bastante independientes y no requieren de mucho conocimiento previo por parte del público porque son principalmente para presentar al personaje, otras como Avengers y Capitán América: Civil War son la columna vertebral del universo compartido y no es algo nuevo que en estas películas grupales se exploten tramas y personajes de esas historias individuales, incentivando al público a consumir todas las películas como parte de una misma franquicia. Esto deja la ventaja de no tener que presentar tantos personajes al mismo tiempo, pero a la vez tienen la gran dificultad de tener que dosificar sus historias secundarias para que no se desdibuje la principal, uno de los problemas que La Era de Ultrón no logró resolver con mucho éxito. Esta vez parecen haber aprendido de sus errores porque aunque hay muchos personajes y cada uno tiene su momento para lucirse, está bien marcado quienes son los que llevan adelante la historia y quienes están ahí para darles apoyo sin estorbar. Incluso la presentación de las esperadas incorporaciones de Spider Man y Pantera Negra al universo compartido aportan sin distraer y cumplen con su función de generar expectativa hacia sus películas propias sin revelar anticipadamente más que lo necesario, con la astucia de invertir más tiempo en el rey de Wakanda que en el trepamuros neoyorkino, a sabiendas de que mientras nadie que entre a ver esta película necesita que le expliquen quien es Peter Parker ni lo que puede hacer, muchos otros apenas conocen a Pantera Negra y es necesario filtrar cierta información básica para integrarlo.

Capitán América: Civil War no tiene propuestas visuales novedosas como pudo haber sido Ant-Man o promete ser Doctor Strange, pero mantiene la espectacularidad a la que nos tienen acostumbrados y sabe balancear la violencia más cruda que suele tener la franquicia de Steve Rogers con la pirotecnia visual de la ciencia ficción mas exagerada, sello de la franquicia Iron Man. Combinando los talentos de cada héroe para enfrentarlos siempre a rivales que estén en un mismo nivel, las escenas de pelea resultan fluidas y entretenidas pero aunque parecen haber quedado atrás los tiempos en que los héroes siguen levantándose sin sentir dolor ni cansancio, nada es tan serio ni trágico como para evitar la clásica dosis de humor que los detractores de Marvel tanto detestan, un tema que también parecen estar aprendiendo a dosificar mejor para que no estorbe con la acción ni el drama.

Conclusión
Después de algunos traspiés durante la Fase Dos, Marvel parece haber recuperado el rumbo. Capitán América: Civil War no es nada nuevo, pero hace muy bien lo viejo y aunque sigue siendo principalmente un producto de acción entretenido, muestra un progreso en cierta solidez argumental que le venía fallando.