Capitán América: Guerra civil

Crítica de Alejandro Franco - Arlequin

Melodrama comiquero y fan service. Así se podría definir a Capitán América: Civil War. Amenaza mas de lo que cumple, y es menos dañina de lo que uno piensa. Si éste es un filme de la saga Capitán América (y no Los Vengadores 2.5) es porque no hay enemigos interestelares o masivos con los cuales pelear. Acá los oponentes son ellos mismos, sea por rencillas viejas, malentendidos o puntos de vistas encontrados. No deja de tener su sabor - a final de cuentas, uno lo que disfruta es el cast y las salidas del libreto - pero no tiene tanta substancia como debiera. Capitán América: Civil War se siente mas como una de las secuelas de Ocean's Eleven, las cuales tenían una trama menos inspirada, algo chota y rebuscada, pero que uno igual la disfrutaba porque era la excusa culpable para pasar otro rato con un grupo de tipos queribles.
Si la DC se pasó de mambo al demoler media Metrópolis en El Hombre de Acero, al menos en la Marvel han acusado el punto y lo han utilizado como punto de partida para la trama de este filme. Cada vez que los Vengadores salvan el mundo, cientos de vidas inocentes se pierden en la movida. Quizás se trate de un pequeño sacrificio (mueren unos pocos para salvar a muchos), o quizás se trate de la desmesura y la impericia de un grupo de tipos con superpoderes. Como sea, el gobierno quiere limitarlos y es por ello que caemos en el enésimo escenario simil Watchmen (abusado por la DC y la Marvel en quichicientas versiones de sus equipos de superhéroes), en donde los héroes deben estar registrados y deben acatar las órdenes de las autoridades de turno, so pena de ser perseguidos como criminales y quedar encerrados bajo cuatro llaves. Tony Stark lo ve como un mal necesario pero, para el capitán América, es un inmenso estorbo para su necesaria libertad de acción. No sólo allí comienzan los roces sino que se suma a la partida Bucky Barnes, el "Soldado de Invierno", el cual es considerado por Stark como un asesino sin remedio (y peor para cuando termine de enterarse de un par de cosillas que el capitán América le oculta). Y cuando el estofado se pone espeso por culpa de un tercero dotado de su propia agenda de venganza (Daniel Bruhl) el choque es irremediable. Es menos forzado de lo que uno podría anticipar, aunque - la verdad - la necedad del Capi (y su necesidad de ser pristino e intrasigente) es lo que termina por incendiar las cosas.

Honestamente, Capitán América: Civil War no deja de ser un drama cargado con balas de salva. Los diálogos son interesantes, estos tipos son geniales, y hasta el trasfondo de la historia tiene sus cosillas, pero aquí no termina de pasar nada demasiado grave o insalvable. Ok, hay alguno que otro que sale mas machucado que el resto, pero no pasa nada que altere profundamente el universo Marvel. En todo caso se restringe a un duelo entre el genio cretino y el necio chapado a la antigua, el cual tiene algunos puntos argumentales cuestionables. La necesidad ciega de defender a Bucky Barnes - aún a costa de desmembrar al equipo - me parece profundamente discutible, una decisión que lo lleva a sacrificar varios peones en su diatriba con Stark. Como tenemos una discusión y hay gente de vacaciones (léase Thor, Hulk y Nick Fury), los chicos de Marvel no tuvieron mejor idea que nutrir sus filas con un par de nuevos valores, los cuales están insertados con calzador en el contexto de la trama. El primero es el de Black Panther, el cual resulta ser un diplomático con superpoderes, portando un traje indestructible de guerrero y teniendo tanto dinero y tecnología como Tony Stark (increíble, teniendo en cuenta que proviene de un empobrecido país africano). El otro calzado con vaselina es Spiderman, el cual tiene un cameo de 15 minutos y no es indispensable para la trama. La novedad que trae el Spiderman made by Marvel es que ahora tía May no es una geronte chota sino una Milf (Marisa Tomei) que está mas que apetitosa. Honestamente que vos seas un adolescente de menos de 18 años y tengas una tía de cuarenta y tantos me parece super razonable (especialmente si uno considera que se trata de la hermana - siquiera política - de tu padre y debería tener una edad parecida a la de tu progenitor). El punto es que la tira ha vuelto un canon el hecho de que tía May debe tener sesenta y pico largos (a lo Rosemary Harris), lo cual lo vuelve mas una abuela que una tía, e indicaría que Peter Parker fue un hijo de la vejez concebido cerca de los 50 años de edad. Es un interesante cambio de perspectiva, aún a riesgo de sonar como un hereje. Por otra parte Tom Holland debuta con el personaje de arañita. El pibe se defiende bastante bien considerando que lo largaron al ruedo cinco minutos antes de rodar el filme, y teniendo que hacerle pecho frente a un set saturado de leyendas. Bromea, hace acrobacias y su participación es por lejos lo mas festejado de la película (junto con los latiguillos de Paul Rudd, el otro encargado de las bromas). El otro dato curioso es ver como Marvel ha alterado la mitología del superhéroe arácnido. Ya no es un prodigio de la costura y la electrónica sino un adolescente peleando contra el mal en sus ratos libres, y dotado de un traje mediocre y un par de aparatos lanzaredes improvisados. Ingresa Stark en su vida, le mejora los aparatos y le provee el uniforme que todos adoramos, el cual tiene una tremenda onda vintage. ¿Si Holland será un gran spidey?. Habrá que ver su película dentro de uno o dos años.

La venganza salpica cada una de las viñetas de Capitán América: Civil War: las acciones tienen consecuencias, y los despliegues masivos generan daños colaterales. El pasado persigue a nuestros héroes y condiciona sus acciones en el presente. Aún cuando la historia esté cargada de balas de fogueo (y no pase nada demasiado tremendo), Capitán América: Civil War es mas sólida y entretenida que La Era de Ultrón y eso es gracias al talento de los hermanos Russo (tomen nota, gente de DC, sobre cómo hacer un filme inteligente, masivo y atractivo). Los tipos han recuperado la magia de Marvel después del traspié creativo del último filme de Whedon, generando un culebrón de proporciones épicas que - a pesar de su poca substancia - sigue dejando un sabor delicioso en la boca.