Canela

Crítica de Santiago Balestra - Alta Peli

Que lo primero visto en Canela sea la imagen de una obra en construcción no es una casualidad propia del oficio de su protagonista. Nos tratan de advertir, sutilmente, que lo que vamos a observar es toda una construcción, o mejor dicho, la reconstrucción de una identidad, de la búsqueda de la felicidad.

Canela: la reconstrucción del ser

Los detalles que en la mayoría de los documentales serían información fría y distante, casi siempre en la forma de una entrevista, encuentran en Canela una manera más fluida y espontanea de ilustrar su punto. Si bien su estilo visual y puesta en escena pueden llegar a ser más propios de una ficción, ayudan crucialmente a quitarle una solemnidad excesiva al sujeto y nos permite ver su frescura, su naturalidad y su calidez. Al extremo de que no pocas veces sentimos que estamos viendo al más natural de los actores, cuando en realidad no lo es. Precisamente eso logra que sea tan disfrutable de ver.

Canela transmite exitosamente la idea de que incluso con las incomodidades y dilemas que nos aquejan, más allá de la permanencia o la transformación física, el personaje está cómodo dentro de su piel. Sus dilemas, incluso de cara a algo tan particular como un cambio de sexo, son los de todos: el debate en la mesa familiar sobre mantener un negocio durante una baja médica prolongada, el ayudar a nuestros mayores, el día a día laboral, las sesiones de terapia y la búsqueda del amor.

Un momento destacable del film es un charla cinéfila que Canela tiene con su hijo mientras ven El Juego de las Lagrimas, de Neil Jordan. Cuando aparece el big reveal de esa película, uno está pendiente de la reacción que va a tener su hijo cuando la vea. Sin embargo, lo que compra al espectador es la anécdota de Canela: al ver la película en el momento de su estreno, se quedó dormida durante esa escena. Este detalle ejemplifica de lleno el espíritu del film.

Específico a la transición hacia el cambio de sexo que atraviesa la protagonista, se ponen de lleno detalles sobre la necesidad que tendrá ella de ser cuidada por sus hijos en la etapa post-operatoria, pero más específicamente el factor de riesgo implicado por su edad, las dudas sobre el desempeño sexual y, particularmente, el factor psicológico, tan o más crucial que el mismo proceso físico.

Siendo la historia de una arquitecta, el estilo visual se muestra a la altura del desafío. La riqueza en la composición de los encuadres está presente desde la primera escena. Son encuadres diseñados, pensados, que se valen de recursos inteligentes como el uso de reflejos, las rejas, encuadres dentro del encuadre, el uso de objetos desenfocados en primer término para evocar una idea, el uso de capas y crear la sensación de un espacio.

Es también en este apartado donde se manifiesta el detalle de la identidad, a través de la camioneta de Canela, de un color tan característico que consigue destacar hasta en el más amplio de los planos.

Es algo interesante que, mientras conduce su camioneta por las calles de Rosario, Canela escucha y canta Ring of Fire, de Johnny Cash. Un apropiado simbolismo de lo que está por decidir, por atravesar, por vivir. Un camino riesgoso, pero sabiendo que es mejor a la alternativa de no poder ser ella misma.