Candelaria

Crítica de Fernando Sandro - Alta Peli

Memorias del naufragio

AJhonny Hendrix Hinestroza parece haberle alcanzado un puñado de títulos para establecer lo que es un estilo propio. Historias humanas, de gente común que pelea en la vida, y marcadas por el entorno cultural del lugar en el que viven.

Sus dos películas previas, Chocó y Saudó, laberinto de almas se inscriben dentro de esa forma, relatando la vida de una madre soltera que trabaja en un mina de oro colombiana, o la historia de un médico que ve en su hijo repetir la misma historia de supervivencia humilde que él.

Candelaria, co-producción entre Colombia, Alemania, Noruega, Argentina y Cuba, repite la fórmula, esta vez abandonando Colombia para trasladarse a Cuba y en la vida de un matrimonio anciano.

Una placa inicial ya nos advierte. Con la caída del Muro de Berlín y la extinción de la URSS se instaló un nuevo orden mundial. Orden mundial del que Cuba quedó totalmente afuera: cercada por el régimen de bloqueo impuesto por EE.UU y respetado por otros países del mundo, viviendo de las fantasías esparcidas por su líder Fidel Castro, Cuba es una región en agonía. Esto es lo que nos muestra Hinestroza, vivamente, sin dejar lugar para que el espectador se forme otra opinión.

Candelaria (Verónica Lynn) y Víctor Hugo (Alden Knight) son un matrimonio de tercera edad, probablemente ella mayor que él. Candelaria se dedica básicamente a mostrar su rutina, su día a día, su sobrevivir, porque el contexto histórico es poco tiempo después del endurecimiento del bloqueo, en los ’90, y el director se encarga de que siempre lo tengamos presente.

Solo se trata de (sobre)vivir

Candelaria y Víctor Hugo eran artistas, músicos, ahora trabajan a destajo solo para llevar una vida de privaciones de todo tipo. Todo es color oscuro en la vida de esta pareja, salvo el amor que se tienen.

Hinestroza no se preocupa tanto en crear una historia como en poner a sus personajes en situación. La relación entre ellos es hermosa, hasta los silencios hablan del amor que se tienen. Ambos hacen sacrificios por el otro, y si la pelean, la pelean juntos.

No tienen hijos, Candelaria disimula ese pesar criando pollitos. Víctor Hugo quisiera darle una mejor vida, pero aún vendiendo pertenencias no puede.

Luego de bastante avanzados los 87 minutos de duración, ocurre un primer quiebre. En medio de una revuelta social, Candelaria encuentra una cámara de video en el sector de lavandería en el que trabaja. Casi inadvertidamente decide llevársela. Esto planteará nuevos interrogantes en la pareja siempre manteniendo el entorno social como contexto y constante.

Mensajes del más acá

Estas derivaciones de la trama parecieran consecuencia de la intención de Jhonny Hendrix Hinestroza de querer mostrar un mensaje más que una historia. Lo que se ve, es una rutina, con hechos diarios que van ocurriendo, algunos más trascendentes que otros.

En todo caso, la historia de vida del matrimonio es narrada con mucha más sutileza de la que el director le dedica a opinar sobre el entorno.

La historia de amor del matrimonio es dulce, compasiva, transcurre de un modo tierno y contemplativo, propio de la edad que representa. No necesita perderse en lugares edulcorados como lo hicieron Elsa & Fred o Sol de otoño, así se genera una mayor empatía.

Pero toda esa dulzura decae a la hora de plantear los por qué. Está clara la intención de mostrar que el matrimonio pena por la situación social de la isla, que no tiene para comer, que intenta escapar pero se les hace imposible, que ya no tienen esperanza, y para colmo de males que solo pueden leer y escuchar las palabras de Castro.

Hinestroza apela a subrayados innecesarios, muchos de ellos burdos, panfletarios. No es cuestión de opinar igual o diferente a su postura, ni siquiera el hecho de que no de lugar a otra opinión: es lo trunco que resulta en materia narrativa.

Se utilizan metáforas muy obvias, diálogos que con tal de dejar una exposición caen en lo inverosímil, y hasta golpes bajos (como un último plano inexplicable) que solo empeoran el panorama. La canción final a cargo de Celia Cruz (renegada eterna de Castro) es el broche de oro por si quedaba alguna duda.

Conclusión

Candelaria cuenta una historia de amor adulto de un modo cálido y enternecedor. Cuenta con buenas interpretaciones del dúo y hasta puede convencer en su rutina. La insistencia en dejar claras sus ideas sobre el entorno entorpecen y dañan al conjunto.

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