Camino sinuoso

Crítica de Mex Faliero - Fancinema

MÁS QUE SINUOSO LLENO DE ESCOLLOS

Los primeros minutos de Camino sinuoso hacen esperar lo peor, especialmente un diálogo entre Juana Viale y Antonio Birabent excesivamente subrayado y con personajes al borde de la caricatura. Luego, cuando la protagonista viaja al sur para resolver algunos asuntos familiares (un padre que se muere y un hermano que está alejado), la película se convierte en una suerte de thriller de tierra adentro, de pueblo chico – infierno grande, donde si bien hay cosas que se adivinan como hechas a las apuradas la propia construcción del guión nos permite avanzar sobre la intriga de sus constantes giros. Así, el film de Juan Pablo Kolodziej termina cediendo terreno más por fallida a la hora de intentar fusionar el policial con el drama familiar (y de fusionar muchas otras cosas más), que por algunas discutibles ideas de puesta en escena.

En verdad Camino sinuoso es vendida como una película de Juana Viale, cuando el peso dramático de la historia está puesto tanto sobre su personaje como sobre el del hermano (Gustavo Pardi). Esa confusión es lo que en un comienzo impide advertir la dualidad del relato y lo que en determinado momento nos llevará a pensar que una subtrama se impone a la otra cuando en verdad son dos partes que intentan un contrapeso perfecto (no lo logran). Ella es una ex atleta olímpica que sufrió una suspensión por doping positivo y que ahora vive con un marido violento, que la culpa por su imposibilidad de tener hijos. Del pasado, ella tiene algunas deudas pendientes, las cuales tratará de saldar viajando al sur y asistiendo en los trámites de la segura muerte de su padre enfermo. Pero además, una vez allí, se reencontrará con su hermano, uno de esos personajes patéticos que buscan el gran negocio y terminan vinculándose con lo peor del mundo criminal. Si algo de bueno tiene el trabajo de Kolodziej, es que juega al thriller, acumula tensión, mientras desarrolla el drama de sus personajes. Lo malo: que esa tensión no termina de explotar como debe, y que a la hora de las resoluciones la película ingresa en una serie de derivas poco rigurosas y puestas en pantalla de manera pobre.

Si en su primera parte Camino sinuoso parece la película de Viale, luego parece convertirse en la película de Pardi. Y las cosas no están del todo bien niveladas no sólo en el orden narrativo, sino también en la presencia de un elenco que aporta diversas tonalidades haciendo menos homogéneo el conjunto: de Viale ya conocemos su incapacidad para transmitir determinadas emociones, aunque Kolodziej parece construirle un personaje a su medida; Pardi no sale del todo bien parado con su personaje tenso; y Javier Drolas le aporta una honestidad que se extraña cuando sale de escena. Son los dos veteranos, Arturo Puig y Geraldine Chaplin, los que logran los mejores momentos, con criaturas que pueden virar de lo amable a lo decididamente malvado. Tal vez la cantidad de quiebres que la película exhibe esté vinculada con la idea de lo sinuoso que quiere dejar en claro el título. Pero si a todo esto le sumamos una música de Fito Páez que parece venir de otro lugar, nos encontramos con un producto que pretende ser una cosa y no lo logra. Y ahí su dilema imposible de resolver.