Calvario

Crítica de Martina Putruele - ARG Noticias

La expiación del pecado ajeno

Brendan Gleeson es uno de esos actores de los que ya casi no hay; uno de esos gigantes que por más que la película sea mala o el diálogo insulso, hacen que se conviertan en cuasi-arte. Éste no es el caso de Calvario, una película que funciona perfectamente en distintos niveles y que se nutre aún más gracias al león irlandés.

El filme abre con una cita de San Agustín: “No desesperes, uno de los ladrones fue salvado; no presumas, uno de los ladrones fue condenado”. Esta dualidad y bifurcación de los caminos, que bien podría ser una versión un poco más simbólica de que nada está escrito y que cualquier cosa puede llegar a pasar, es el eje fundamental que recorre la película de John Michael McDonagh, que escribe y dirige una pieza cinematográfica que merece ser vista y tenida en cuenta.

Calvario empieza y termina con un boom. El padre James es un cura irlandés viviendo en un pequeño pueblo. Todo es tranquilo y más o menos predecible, pero un domingo que empieza como cualquier otro da una vuelta inesperada cuando, durante una confesión, un hombre le cuenta con detalle abusos sexuales sufridos durante su niñez a manos de otro sacerdote, que ya falleció.

Pero para vengarse de aquel destructor que le robó la niñez, este misterioso individuo –cuya identidad conoce el padre James pero que la audiencia descubre mucho después- le advierte que en una semana lo asesinará a él y le pide que se encuentre con él el próximo domingo a orillas del mar. Un cura bueno para expiar los pecados de uno malo.

Sin embargo, James no lo denuncia a la policía ni lo enfrenta, sino que pasa esa última semana atendiendo a su comunidad y a los problemas que la acojan, mientras trata de decidir qué hacer y qué decirle a este futuro asesino, víctima de un violador y de la indiferencia de una Iglesia impune y siniestra.

Con una fotografía excepcional que retrata unaa Irlanda majestuosa y rural, Calvario es una obra de arte que impacta y conmueve con cada cuadro y con cada línea de diálogo. Y con un elenco encabezado por el gigante de Gleeson, pero que también está compuesto por un grupo de talentos cinematográficos - Chris O’Dowd, Oria O’Rourke, M. Emmett Walsh, Kelly Reilly, Aidan Gillen, Domhnall Gleeson y el comediante Dylan Moran-, la película logra una profundidad inacabable que debe ser analizada una y otra vez, al mismo tiempo que demuestra que el cine que entretiene también puede ser inteligente.