Buena suerte, Leo Grande

Crítica de Andrés Brandariz - A Sala Llena

‘Cause my body keeps changing my mind
Keeps changing my heart
When we’re dancing
My body says love you tonight
To drive me out of my mind
When we’re dancing

BREVE ENCUENTRO

Good Luck to You, Leo Grande comienza con un montaje que alterna entre dos personajes muy diferentes: uno es un joven muy atractivo (Daryl McCormack), que atraviesa Londres en camino hacia algún lugar; el otro, una mujer de unos 60 años vestida con tonos opacos (Emma Thompson), recorre con cierto nerviosismo una lujosa habitación de hotel. Pocos minutos después, sus caminos se cruzarán y conoceremos sus nombres: Leo Grande y Nancy Stokes (aunque eventualmente se revelará que no son sus nombres reales). Lo que los une es el sexo, asunto en el cual Leo es el maestro y Nancy, una suerte de aprendiz. Durante toda una vida junto a su difunto esposo, Nancy jamás experimentó un orgasmo; antes de que sea demasiado tarde, quiere descubrirlo. Pero lo que para ella parece ser un ítem a tachar de una larga lista de frustraciones para Leo es un arte que requiere tiempo y paciencia, en el cual el recorrido es más placentero que la meta; un recorrido que conlleva establecer un vínculo, laboral pero decididamente humano.

El guion de Katy Brand apuesta por la contención y -con pocas excepciones- centraliza toda la acción en la habitación donde se realizan los encuentros entre Leo y Nancy. Estos encuentros dictan también la estructura de la película, que utiliza las elipsis entre cada uno para dividirla en cuatro capítulos. En cada uno, el vínculo entre Leo y Nancy evoluciona hacia una creciente intimidad, un territorio que oscila entre la confidencialidad y la confesión. Nancy, una docente de religión con una relación distante con sus hijos, oscila constantemente entre su deseo hacia el trabajador sexual y sus prejuicios hacia la profesión; Leo termina frecuentemente contando de más, a la vez que procura mostrarse profesional y obturar las tensiones familiares que su vocación le trajo.

El texto invita al lucimiento de ambos actores, en largas escenas de diálogo que proponen una reflexión sobre el rol casi terapéutico del trabajo sexual, profesión en la cual el plano físico sería acaso la expresión más acotada, sucinta, de un ejercicio constante de comunicación. En este sentido, Good Luck to You, Leo Grande es una película altamente discursiva que no puede -o no quiere- escapar de un didactismo a veces reiterativo, a veces logrado, a veces un poco irritante que, si bien jamás abandona a sus personajes, pasa demasiado tiempo haciéndolos dar vueltas en círculos.

Es extraña también la relación de la película con el sexo en sí. El arco de personaje que propone para Nancy es el tránsito de una mirada conservadora y prejuciosa a otra que abraza el placer y conecta, gracias al cuerpo, con lo diferente y con lo propio; sin embargo, Good Luck to You, Leo Grande esquiva (a través de elipsis, de escenas que finalizan abruptamente, de encuadres que dejan la genitalidad fuera de cuadro) cualquier explicitación del acto sexual durante la mayor parte de su duración. Sólo en una breve secuencia de montaje cerca del final se muestra el sexo como tal, con imágenes que exponen la desnudez de los intérpretes pero no se alejan demasiado de cualquier película erótica de hace treinta años.

Se puede argumentar -con razón- que este tipo de cine (una feel good movie, destinada a un público más o menos masivo) viene con limitaciones a la hora de mostrar ciertas imágenes. Mi pregunta es por qué se elige, entonces, este diseño de producción para contar esta historia (que sin dudas se hubiera beneficiado con otro abordaje). Lo que queda es una película amable, excelentemente actuada, en la cual el discurso no parece a tono con la forma. El último plano, en el cual Emma Thompson evoca frente al espejo la figura de El nacimiento de Venus de Botticelli, emociona e invita a imaginar una versión en la cual el cuerpo desnudo se abrazara más tempranamente, menos pendiente del impacto y más de su infinito potencial expresivo.