Brick Mansions

Crítica de Alejandro Franco - Arlequin

Brick Mansions es la remake norteamericana de Distrito 13 (2004), un antiguo hit pergueñado por la factoría de Luc Besson - el francés se ha erigido en el mayor productor europeo de cine comercial, con filmes capaces de competir palmo a palmo con las producciones major de Hollywood, comenzando con La Femme Nikita, siguiendo por León, el Profesional y El Quinto Elemento, y culminando con una chorrera de hits como la saga El Transportador y Taken -. El olfato comercial de Besson es inegable y, en el caso de Distrito 13, lo que hizo fue sacar del anonimato al parkour - el deporte extremo que practica carreras callejeras en donde lo que importa es superar todo tipo de obstáculos, sin importar lo imposible que parezcan -,poniendo al creador de la disciplina David Belle en uno de los papeles principales, y dándole el coprotagónico a uno de sus mejores alumnos. 10 años después Belle recrea su papel en la version americana mientras que el cast lo lidera Paul Walker, en su penúltimo papel que estelarizara antes de fallecer en un trágico accidente automovilístico en Noviembre de 2013.

Salvando las fabulosas escenas de parkour, el film tiene problemas de todo tipo y color. Ciertamente Brick Mansions copia ideas de muchos filmes previos - los que van desde Escape de Nueva York hasta The Raid -, en los cuales algún agente de la ley se veía obligado a penetrar una fortaleza infestada de criminales para rescatar a alguien / desactivar la amenaza de turno. El problema es que, para llegar al nudo de la historia, el libreto se despacha con un par de secuencias previas cuya trama es ridicula - ¿si RZA odia a David Belle, por qué se conforma con dejarlo preso en la cárcel de los corruptos policías?; ¿qué utilidad tiene ver la larga persecución de Paul Walker, más que la de matar el tiempo con un montón de acción sin mucho sentido? -, amén de que Walker no es muy convincente como héroe de acción. Mientras que en el original Cyril Raffaelli era realmente un stunt capaz de saltar obstáculos disparatados, aquí uno no deja de pensar en el rostro de Paul Walker atachado digitalmente a la cabeza de algún acróbata, ya sea volando de un edificio a otro, o dando una serie de volteretas imposibles en el aire. No sentía una sensación tan falsa desde las épocas en que el septuagenario Lee Van Cleef hacía de maestro ninja en la serie televisiva del mismo nombre. Para compensar esto, lo ponen a Walker a manejar algunos autos veloces y enojados, cuando no, tirar algunas trompadas a la antigua; pero el tipo palidece seriamente al momento de verse empardado con David Belle, el cual es capaz de cometer disparates acrobáticos de todo tipo y color y para lo cual Walker carece de entrenamiento. Pero los problemas del filme no se limitan a la escasa credibilidad física del protagonista, sino que también son lastrados por la dirección convulsiva de la acción, plagada de planos rápidos, movidos y, para colmo, infestados de molestos zoom. Al parecer los directores modernos - formados en la escuela pro MTV - entienden que rodar una secuencia de acción y provocarle una apoplejía a la platea son términos equivalentes.

Pero si bien estos son defectos pueden resultar relativamente digeribles, en donde Brick Mansions se clava de nariz es en el final, el cual es a todas luces estúpido. (alerta spoilers) El problema no es la ocurrencia prepotente de que el Alcalde de la ciudad haya decidido arrasar todo un barrio con un dispositivo atómico (o similar) - sobre el cual carece de control remoto o monitoreo sobre su posición, así que bien puede estar pegado a su trasero bajo su silla en la alcaldía -, sino cómo el villano ultraviolento y despiadado vendedor de drogas que compone RZA se transforma súbitamente en un amigo de la casa, e incluso en un tipo tan bueno que puede postularse a la alcaldía al final de la película. Es tan estúpido el cambio de roles, que desmorona todo lo que había construido el filme en los minutos previos - lo cual era bobo pero bastante entretenido y no demasiado insultante -. El original francés cortaba por lo sano el destino del matón, e incluso proveía una serie de explicaciones que hacía relativamente lógico el plan de detonación de la bomba en medio del gueto - la utilidad del policía era la de confirmarle a los conspiradores la posición del dispositivo para hacerlo explotar -. Acá los egos de las estrellas (léase RZA) y la versión pasteurizada del libreto, generada para la lobotomizada audiencia norteamericana, terminan por torpedear lo que pudo haber sido un entretenimiento siquiera pasable. (fin spoilers).

Brick Mansions es entretenido en las escenas de acción, pero la historia es una estupidez de aquellas. Los huecos de lógica abundan y a veces llegan a ser ofensivos. Considerando que Luc Besson es el padre de la remake de su propia criatura, podría haber pulido un par de detalles para mejorarla. Pero el escenario futurista es arbitrario - ¿cómo llegaron a amurallar todo un barrio? ¿cómo hacen para conseguir armas, comida o droga los que están adentro? ¿cómo es que entran y salen de la frontera? -, las ocurrencias del libreto son triviales, y lo único que salva al filme de la quema son las acrobacias de David Belle y la maldad de RZA, el cual se relame con el papel y nos hace olvidar lo blandengue que estuvo en El Hombre de los Puños de Hierro. A lo sumo Brick Mansions es un filme de cable, algo mejor producido, pero el cual merece ser apreciado de manera gratuita antes que pagar una entrada para verlo.
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