Blair Witch: La bruja de Blair

Crítica de Alan Schenone - Proyector Fantasma

El pasado no es siempre mejor

Veinte años después de la desaparición de un grupo de amigos en The Blair witch Proyect (1999), James (James Allen McCune) encuentra una cinta original con material que podría probar que su hermana todavía sigue en el bosque. Junto a Lisa (Callie Hernandez), su amiga estudiante de cine y otros colaboradores más, partirán hacía Black Hills de Maryland para afrontar la leyenda de la bruja de Blair y la verdad en torno a ella.

Más allá de la actualización de esta historia a la edad moderna de la tecnología -con microcámaras y un dron-, al director Adam Wingard le costó mucho recrear un clima similar a la primera. Blair Witch (2016) deja mucho que desear partiendo desde un guion flojo, sin consistencia e irremediable en su narrativa. Son inexplicables ciertos acontecimientos que ocurren en la trama, que no se resuelven y ni siquiera tienen sentido. En sí, el género del terror no se caracteriza por exponer racionalmente hechos paranormales, pero tampoco llega a incongruencias tan importantes que le toman el pelo al espectador.

Blair Witch cargaba con una buena reputación debido al éxito trascendental de hace más de quince años, con una idea original y bien realizada que se catapultó gracias al equipo de marketing. Sin embargo, el tiempo pasó y se decidió mantener la idea, pero no la solidez de un equipo de producción a la altura de ella. Blair Witch es una película más del montón sin ningún punto rutilante a destacar. Ni el director, ni guionista pudieron explayar en su secuela, parte del aura desolador y asfixiante que trajo pesadillas a quienes visitaron los cines en aquellos días. Si le quitáramos el título, solo podríamos entender que se trata de una versión de Blair Witch hecha por un grupo de jóvenes perdidos en un bosque que utilizan la cámara en mano. En el film nada tiene sentido. Si en gran parte de las películas del género se acepta estas "licencias", es gracias a que el producto final funcione.

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Blair Witch es un ejemplo de como las productoras utilizan un nombre o título con cierta fama para armar un proyecto sin ambiciones, vacío y carente de profundidad artística en todo punto de vista. No cumple en su objetivo más básico que es asustar y mucho menos entretener. En muy pocas escenas del film se transmite el padecimiento de Callie Hernandez, quien es la más aceptable de una película que camina todo el tiempo por un suelo desnivelado.

Asusta con arremetidas muy toscas, imprudentes y cliché. Asusta por el solo hecho de hacerlo y no producto de un climax basado en la ambientación y emociones. Únicamente en el final, y por el desempeño de Hernandez llega a comprometer -un poco- al espectador con lo que está viendo, sintiendo cierta empatía por ella.

Blair Witch (2016) es otra secuela que trata de exprimir los últimos alientos de una idea original que facturó mucho décadas atrás. Un mal que, producto de la nostalgia, lo vintage y el recurrente recuerdo del pasado, está haciendo estragos en la gran pantalla, como pudimos percibir recientemente en los ejemplos de Ben-Hur (2016) y Zoolander 2 (2016), entre otras.