Blade Runner 2049

Crítica de Santiago Balestra - Alta Peli

Cuando escuché que una secuela de Blade Runner se estaba cocinando, mi reacción inicial fue, por enésima vez, “dején a los ´80 tranquilos de una buena vez y juéguensela por nuevas historias”.

El anuncio prometía el retorno de Harrison Ford y Ridley Scott, lo que para mí no era mucha garantía de confianza. Entonces tres nombres surgieron: Hampton Fancher, guionista de la original, haciéndose cargo de la historia para la nueva película; Denis Villeneuve, quien con La Llegada se probó como todo un director de ciencia ficción (pero de esa que te hace pensar sobre el mundo que te rodea) y Roger Deakins, uno de los mejores directores de fotografía trabajando a nivel mundial.

Fue precisamente este nombre el que me dio esperanzas; Deakins no se suma a cualquier proyecto. El que haya firmado su nombre a una secuela, aunque sea de una respetadísima película de culto, era porque había algo en el guión que iba más allá de los obvios objetivos comerciales que encierra una continuación.

Entonces la pregunta que se cuece acá es: ¿Blade Runner 2049 vale la pena?

“Yo tuve una vez tu trabajo”:
Es el año 2049, y el Oficial “K” es un Blade Runner, un policía asignado para “retirar” replicantes, copias humanas que por una serie de turbios incidentes fueron declarados ilegales en la Tierra. Durante una de estas misiones, “K” encontrará una pista, cuyo seguimiento lo llevará hacia un secreto devastador que involucra a Rick Deckard, un Blade Runner como él, que lleva 30 años desaparecido.

Por pedido expreso del director (a través de un comunicado de prensa), se nos pidió a los críticos abstenernos de spoilers sobre los momentos cruciales a la hora de hacer nuestras reseñas. El pedido de Villeneuve no es para nada un stunt de marketing -como si lo fueron los cortos a modo de precuelas– ya que es una película de la cual si tuviéramos que ahondar en detalles, acabaríamos por contarte la película completa.

¿Entonces, qué podemos decir? Blade Runner 2049 a nivel argumental es prolija; no te vuela la cabeza pero tiene muchos elementos en regla. Es la típica historia de una investigación, con todos los detalles paso a paso de la pesquisa, en la que también tenemos el desarrollo clásico de un protagonista y un antagonista que van detrás de una misma meta. Hay espacio para la emoción y la filosofía, pero no de un modo que opaque al objetivo narrativo principal, sino que contribuye a desarrollar su potencial.

No obstante, no todo son rosas para el guión; hay dos defectos concretos que le encuentro: por un lado, que deja un solo cabo suelto, y el otro, el más grosero, es la seria falta de ritmo que tiene la historia. Por bien distribuidos que estén sus elementos, el desarrollo de esta historia no justifica los 164 minutos de extensión, un peso que se siente en todo momento.

En materia actoral, Ryan Gosling se muestra como un protagonista eficiente y su participación en esta película es otra contribución más a ratificar su gran capacidad actoral más allá de su buen parecido. Harrison Ford está prolijo, igual que Jared Leto, mientras que Ana de Armas entrega una conmovedora performance.

En materia visual, la película es sobresaliente. La fotografía de Roger Deakins es todo lo que se prometió y más: deliciosas composiciones de cuadro apoyadas por un efectivo uso del color, las luces y las sombras. Mucho de esto también se pudo lograr por una Dirección de Arte que no se queda atrás. Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch proveen un digno acompañamiento musical, pero (las comparaciones son odiosas, lo sé) lejos de lo que el genial Vangelis hizo para Ridley Scott en 1982.

Conclusión:
Si bien dueña de un ritmo cansino que le impide justificar su extensa duración, Blade Runner 2049 asombra visualmente y se prueba decente a nivel narrativo. No obstante, será una dura venta para el público general, pero los que disfrutaron la original tal vez quieran darle una chance. Eso sí, llévense un marcador… ya saben a qué me refiero.