Black Adam

Crítica de Alejandro Franco - Arlequin

Yo preciso que alguien me explique por qué diablos los fans de DC (y los ejecutivos) están ensañados con la primera Escuadrón Suicida (2016). Que era horrible. Que era ridícula. Que no le van a permitir el corte del director a David Ayer. Considerando todo lo que vino después – un 90% compuesto de basura, decepciones y flojos resultados en taquilla – los 746 palos verdes de Suicide Squad deberían convertirlo a Ayer en un prócer, incluso darle una silla en la mesa que James Gunn y Peter Safran acaban de armar para resucitar el DCEU. Fíjense sino: Liga de la Justicia (corte Whedon): 657 millones. Mujer Maravilla 1984: 169 millones. Aves de Presa: 205 millones. Hasta una película super alabada como Shazam! solo hizo 366 millones. Y, en el caso que nos ocupa, los números finales serán igual de tibios ya que sólo hizo 353 millones justo antes que estrenaran la secuela de Pantera Negra, la que se la devoró con fritas y va a hacer en dos semanas lo que el filme de DC demoró mas de un mes en recaudar.

Black Adam es un cabal ejemplo de por qué el DCEU anda como el traste. Siempre que te sentás a ver una película Marvel esperás acción, chistes, secuencias inspiradas, personajes carismáticos e interesantes, y una hora y media de buena onda. El DCEU en cambio se comporta de manera esquizofrénica con cosas zarpadas, sangrientas, a veces inspiradas, otras veces mortalmente serias / solemnes y siempre con problemas de tono y originalidad. En el caso de Black Adam tengo que admitir que el filme es horrible – es un licuado de cosas copiadas a Marvel, con el agravante que el reciclado es de mediocre calidad -. Dwayne Johnson le pone ganas pero no alcanza para salvar el filme él solito y la sorpresa es Pierce Brosnan, el cual tiene un puñado de diálogos inspirados; pero el resto… uy, Dios mío…

Acá el Doctor Strange, Angel (de los X-Men), Tormenta y Ant-Man se roban el jet del profesor X y se van a combatir a una entidad mágica liberada de su prisión después de 5.000 años, y la cual tiene un injustificado mal humor. Hay una tonelada de secundarios espantosos – el molesto hermano de la co-protagonista que hace chistes malos, el pibe sabihondo que vive metiéndose en problemas, el segundo villano que carece de carisma, los dos superhéroes adolescentes que chichonean entre ellos mientras están totalmente ajenos al hecho de que cientos de personas mueren a su alrededor – que podían haberse suprimido y hubieran elevado la calidad del filme, aparte de que no son esenciales a la trama. El mismo filme se mete en un berenjenal con los dispares tonos políticos que emite – para que la acción no tenga lugar en USA (donde ya está Shazam!, el cual es el némesis de Black Adam ya que ambos surgieron en la misma tira de Fawcett Comics Capitán Marvel, siendo Adam un campeón anterior a Billy Batson que se ha pasado al lado oscuro y tiene sus mismos poderes) se traslada a un ficticio país de medio oriente, el cual fue invadido por una fuerza mafiosa internacional dotada de la última tecnología ya que posee armas con Vibranium… Eternium o como se llame, lo único en la Tierra que puede dañar a Black Adam -. Entonces entra el asunto de por qué rayos estos superhéroes de cuarta (la Sociedad de la Justicia, el antecedente Golden Age de la Liga de la Justicia y llena de héroes anticuados o de segunda) nunca hicieron nada para detener la invasión, jamás combatieron a Intergang (la cual es una obvia amenaza por el mundo ya que puede construir armas de destrucción masiva con el Eternium) o siquiera se preocuparon por la seguridad de sus ciudadanos. Solo aparecen cuando el musculoso moreno empieza a volar por la ciudad y tirar edificios abajo en decorados que parecen salidos de Modern Warfare ya que ni uno de los diseñadores de arte del filme parece haber visitado un país árabe. Ni la causa de la arqueóloga Sarah Shahi es creíble, ni tampoco lo son las idas y vueltas de la historia como el histeriqueo de te encierro / no te encierro / te preciso / debo liquidarte Black Adam, el cual hace que el filme se sienta eterno.

Es posible que Black Adam sea el rezago bastardo de la horrenda administración de Walter Hamada / Geoff Johns, que solo copiaban cosas, metían el cuchillo en la trama sin saber nada de comics (o, en el caso de Johns, copiando lo peor del género; siempre él, con ese ego enorme, creído de que es el Stan Lee de DC) y se respaldaban ciegamente en el poder de taquilla de las estrellas contratadas antes de contar historias amenas e inteligentes. Black Adam representa los peores defectos del fenecido DCEU y esperemos que la dupla Safran / Gunn corrija todo este despropósito y desprolijidad en el nuevo Universo que van a crear… amén de darle a Ayer la segunda oportunidad que se merece.