Batman: la broma mortal

Crítica de Matías Gelpi - Fancinema

METAFISICA SUPERFICIAL

Creo que ya está claro, nunca más va a existir un auge mayor para los superhéroes en el cine (y diversos medios audiovisuales) que el que estamos viviendo en estas décadas. En este escenario, tanto Marvel como DC, empresas que controlan casi todo en este nicho del negocio, intentan llevar a todas las pantallas posibles todo el material que se pueda usufructuar. Y en ese sentido, Batman: la broma mortal es un claro producto de estos tiempos.

En el territorio de las adaptaciones animadas, de esas producidas para video, televisión, streaming o lo que sea, DC tiene la ventaja artística, Marvel mantiene allí una línea más infantil, colorida pero lineal. Pero DC, apoyándose generalmente en su gran as de espadas que es Batman, se atrevió a adaptar algunos cómics, eventos y novelas graficas fundacionales que han contentado a los fans al mismo tiempo que logran productos interesantes. Claros ejemplos son algunos de los films dirigidos por Jay Oliva: Batman: the dark knight returns part 1 (2012) y part 2 (2013), donde adaptaba el famosísimo e influyente cómic homónimo de Frank Miller editado en 1986; o su adaptación del evento Flashpoint (2011) en la entretenida Justice league: the flashpoint paradox (2013).

Batman: la broma mortal es una adaptación de otro cómic mítico, famoso e influyente: Batman: la broma asesina de Alan Moore, el otro monumento viviente de los cómics. Dirigida por Sam Liu (Batman: year one -2011-), en principio comparte la línea estética de casi todos los productos animados DC que es la de la serie animada de Batman de los años 90, que a su vez estaba basada en Batman de Tim Burton (1989), tal es la importancia de lo hecho por el bueno de Tim.

La película se divide claramente en dos momentos bien diferentes: una primera media hora donde se apura en establecer la relación entre Batman y Batichica con bastante acción detectivesca, violencia y tensión sexual, dejando en claro que no estamos ante un film para chicos; y unos 40 minutos finales que son la adaptación literal, viñeta a viñeta, del cómic de Alan Moore. Podemos decirlo, el film de Sam Liu es un poco cobarde, quiere ser un film para el público menos especializado y también apunta con obsecuencia a ese fan acérrimo y literal que abunda en el mundo de los cómics. Lo que más molesta es la falta de cohesión entre las dos partes, que por separado no están mal, por lo cual la división no termina de ser absolutamente nociva ya que, por suerte, Liu logra captar algo del denso espíritu del material original.

Moore, un tipo talentoso con un ego y pretensión infinitas, quiere hablar de lo fino del límite entre el bien y el mal, pero también de las formas de la locura. Su tesis es que el Joker y Batman son dos resultados posibles de un mismo punto de partida, y en lo profundo no son diferentes. Algo de eso se puede captar en la película de Liu pero de manera más superficial, y esto se debe a que hablamos de un cómic que depende mucho de la palabra leída, cosa que pierde un poco de fuerza en la adaptación.

Sam Liu logra, desde la cobardía de no meter mano en casi ningún plano de la parte que adapta el cómic original, y agregando una metraje en una parte que está bien pero que podría también no existir, una adaptación aceptable de, digámoslo, un cómic muy difícil de adaptar.