Barbie

Crítica de Alejandro Franco - Arlequin

Barbie es brillante. Miren que el filme podría haberse descarrilado de mil millones de maneras posibles – ser un suicidio artístico para todos los involucrados; ser un infomercial de dos horas de duración; estar plagado de chistes malos y pésimas ideas; ni que hablar cuando Amy Schumer (comediante desagradable en extremo si las hay) pudo quedarse con el protagónico y encarrilar la historia con un perfil totalmente distinto – o ser simplemente una comedia light sin mayores pretensiones. Pero no. Es como La Gran Aventura Lego con neuronas y sentimientos; es como la versión de Matrix de un universo plagado de muñecos. Hay mucha gracia, mucha diversión y muchas referencias meta; pero hay incrustado un profundo discurso feminista que le pasa a mil kilómetros por encima de la cabeza a la platea infantil y adolescente, y le pega hondo a la audiencia adulta. ¿Este es el mundo que hemos construído?. ¿En donde han quedado los valores de triunfar por el mérito y la igualdad de los sexos que pregonaba una simple línea de muñecas?.

Tal como explica en el principio – una brillante parodia del inicio de 2001, Odisea del Espacio -, Barbie fue creada en un mundo en donde las muñecas sólo eran bebés y las chicas eran indirectamente adoctrinadas a que su mayor logro en la vida era llegar a ser buenas madres. En el mundo real esto ocurrió en 1959 y la aparición de la muñeca generó una sensación que llega hasta nuestros días. Ahora las niñas podían jugar con mujeres de plástico, disponibles en todas las razas y con todas las profesiones posibles. Para no vivir en una burbuja se le creó un compañero – Ken -, el cual tuvo tantas variantes como Barbie, e incluso aparecieron personajes secundarios como para que Barbie estuviera rodeada de una gran familia. Plus aparte los autos, decorados, casas, vestidos, etc, una gigantesca cantidad de complementos que dio a luz todo un imperio comercial montado alrededor de la muñeca.

Pero la directora Greta Gerwig no se queda sólo con eso – el mundo plástico de muñecos sin maldad ni genitales -. A Gerwig la conozco muy poco – sé que ella y su marido Noah Baumbach son intelectuales y lo suyo es el cine arte; de Gerwig vi Mujercitas (primera vez que veía alguna versión de la historia) y me encantó lo desacartonado de la historia amén de construir personajes femeninos muy empoderados y valientes – y que se haya involucrado en algo tan crasamente comercial como es un filme sobre un producto de consumo masivo podía terminar en cualquier cosa. Por suerte Gerwig y Baumbach (como co-guionista) conservan su voz y su independencia y se dan el lujo de ir mucho más allá de lo que los estudios le han pedido. Están los chistes fáciles, las canciones, la simpatía, los decorados… pero también está la crisis existencial. Barbie comienza a tener pensamientos extraños – realistas – lo cual no van con la superficialidad del mundo en que vive. Consultando a Oráculo / Barbie Rara (Kate McKinnon, por una vez dando en el clavo con su habitual excentricidad), ésta le dice que todas sus dudas serán resueltas si visita el mundo real. Claro, debe elegir entre la Pildora Azul – los zapatos de tacones y quedarse en la burbuja de Barbieland – o la Píldora Roja – las sandalias chatas, el andar con los pies en la tierra y descubrir la verdad al costo que sea -. Barbie toma la decisión correcta, va al mundo real y se topa con una madre desencantada (America Ferrera) que soñaba con el poder de Barbie para con ella y para con su hija, una figura femenina empoderada… una ilusión que terminó por darse contra el muro de la realidad al tener un empleo chato, criar a una adolescente cínica y ver cómo sus sueños se esfumaban. En el medio Ken se ha colado en el viaje, ha descubierto que el mundo real está dominado por hombres y decide que es hora de hacer cambios en Barbieland, dejando de ser una figura decorativa y convirtiéndolo en un patriarcado.

Se nota a la legua que todos los actores disfrutan a muerte sus roles. Ryan Gosling – que siempre fue un comediante brillante, pero uno que se mantuvo escondido y que sólo aparecía de a ratos con sus participaciones en Saturday Night Live o en la brillante The Nice Guys – es puro carisma; Simu Liu le perdió el miedo a la fama y brilla con luz propia; hasta el siniestro Gravik de Invasión Secreta (Kingsley Ben-Adir) puede ser un zopenco de primera si le dan la oportunidad. Pero el filme le pertenece a Margot Robbie. Ella es tan hermosa, brillante y talentosa que no tiene similar en este universo. Pocas actrices pueden ser tan carismáticas, tan cómicas o profundamente dramáticas y movilizantes (y a veces, pasar de un estado a otro en cuestión de instantes) como la Robbie. Quizás la movida viral sea que Gosling obtenga una nominación al Oscar, pero la Robbie se merece la postulación desde el vamos, aún cuando se trate del rol más inusual e impensable de su carrera. No sólo es descubrir que su rol inspiracional para las mujeres ha servido de poco y nada, sino también darse cuenta de lo injusto que es el mundo, que las mujeres ganan menos que los hombres o que haya puestos / trabajos en donde todavía no las mujeres no han desembarcado. Pero Barbie es mucho más que un simple discurso sobre la predominancia masculina en nuestra sociedad: hay un speech eminentemente brillante que brama America Ferrera en un momento del filme, que está pensado para volverse viral y quedar para la posteridad, y es algo que sobrepasa sideralmente las aspiraciones de un mera película sobre un juguete exitoso:

Es literalmente imposible ser mujer. Eres tan hermosa y tan inteligente y me revienta que no sepas lo que vales. Siempre tenemos que ser extraordinarias, pero no sé cómo siempre lo hacemos mal.

Tienes que estar delgada, pero no demasiado y no puedes decir “quiero estar delgada”, tienes que decir “quiero estar sana”, pero también tienes que estar delgada. Tienes que tener dinero, pero no puedes pedir dinero porque eso está mal. Tienes que ser jefa, pero no mala. Tienes que liderar, pero no machacar las ideas del otro. Se supone que tiene que encantarte ser madre, pero no puedes hablar todo el día de tus hijos. Tienes que ser profesional, pero también cuidar siempre de otros. Tienes que responder por el mal comportamiento de los hombres y si dices algo te echan en cara que te quejas. Tienes que estar guapa para los hombres, pero no demasiado como para tentarles o para ser una amenaza para otras mujeres, porque debes ser parte de la hermandad. Pero tienes que destacar y estar siempre agradecida. Pero sin olvidar que el sistema está amañado así que debes, aún sabiéndolo, estar agradecida. No puede envejecer, ni ser maleducada, ni fanfarrona, ni egoísta, ni derrumbarte, ni fracasar, ni mostrar miedo, ni salirte de lo establecido. ¡Es demasiado difícil! Es demasiado contradictorio y nadie te da una medalla ni te da las gracias. Y, de hecho, resulta que no sólo lo haces todo mal, sino que además todo es culpa tuya.

Estoy tan cansada de verme a mí y de ver a cualquier otra mujer hacer lo imposible para gustarle a la gente. Y si todo también es así para una muñeca que representa a todas las mujeres, entonces apaga todo y vámonos.

Amo los filmes que tienen discursos memorables. No sé si lo de Gerwig / Ferrera está a la altura del “estoy furioso como el demonio y no estoy dispuesto a tolerar más esto!” del Howard Beale de Network, pero que todo el mundo está hablando de esa escena es seguro, porque está plagada de verdades grandes como puños. No sólo Barbie descubre el orgullo de ser mujer (y logra cambiar el orden en Barbieland, convirtiéndolo en uno mas justo y equitativo) sino que, como Pinocho, decide que su descubrimiento sobre el mundo real lo supera, va mas allá de su esencia y opta por convertirse en humana. Quizás es lo que ella necesita… o quizás ella sea el punto de inflexión que el mundo real precisa, y ella viene a traer ese cambio – el empoderamiento de la mujer que nunca termina por ser ni equitativo ni definitivo -.

Es por todo esto que, durante los dos primeros tercios del filme, Barbie funciona como una sólida comedia familiar con algunos momentos inusualmente profundos; pero en el último tramo se vuelve una película pensante, discursiva e increíblemente emotiva, la cual va muy por encima de la platea infantil y adolescente. Claro, hay pavadas y payasadas – la persecución dentro del edificio de Mattel es delirante; los ejecutivos de Mattel parecen un ejército de agentes Smith y Will Ferrell sintoniza de a ratos al ejecutivo maníaco de Steve Martin en Looney Tunes: De Regreso a la Acción, el burócrata que no quiere que sus productos tengan personalidad propia y tomen sus propias decisiones -; pero hay momentos muy inteligentes sobre la realidad y la esencia de lo que es ser mujer, sobre la pérdida de la inocencia de la infancia, sobre el cinismo de una realidad despiadada que arruina todos tus sueños. Ojo, no creo ni por un instante que esa agenda estuviera en la mente de Ruth Handler cuando decidió crear la muñeca; es la voz de Gerwig hablándole a la platea, abriéndoles la mente y/o recordándoles a la mujeres su lugar en el mundo… haciéndolo desde la posición más disparatada de todas que es desde una película que trata sobre las aventuras de un juguete. Es por Gerwig, por Robbie, por Ferrera que el filme se sobrepasa a sí mismo como mero espectáculo pochoclero, convirtiéndose de manera inesperada en el vehículo de una serie de discursos tan inesperados como inspiradores e inteligentes, muchos de los cuales logran darte en el corazón si estás con la mente abierta y la predisposición adecuada.