Bárbaro

Crítica de Diego Lerer - Micropsia

Llegada al streaming tras su reciente estreno comercial, este film de terror sigue a una chica que alquila una casa vía Airbnb y allí descubre que suceden cosas extrañas. Con Georgina Campbell, Bill Skarsgård y Justin Long.

Una de las más efectivas sorpresas de un género que parece estar atravesando otra interesante etapa creativa tras una época de vivir pendiente solo de secuelas y remakes (que siguen estando, de todos modos), BARBARO conecta varias líneas temáticas y tramas actuales en el género y las combina de manera efectiva y, sobretodo, inesperada. Temas dispares como el racismo, la pobreza, la masculinidad tóxica, la violencia de género, la maternidad, la inutilidad e impericia de la policía, la «cancelación» de artistas y el fenómeno de los Airbnb se integran en esta historia que, más que cualquier otra cosa, funciona muy bien como película de género. El resto puede ser interesante de analizar, pero en lo concreto son 103 minutos inquietantes y sorprendentes.

Cregger inicia el asunto con un punto de partida que parece hasta trillado. En medio de una noche muy lluviosa Tess (Georgina Campbell) llega a una casa que alquiló a través de Airbnb y al querer entrar se da cuenta que no puede, que la llave no está en su lugar y nadie contesta sus llamados. Pero pronto ve una luz adentro, golpea y ahí se topa con la noticia: la casa había sido alquilada, vía otra aplicación, a Keith (interpretado por Bill Skarsgård, de IT, lo cual ya pone al espectador en una situación expectante), quien la invita a pasar y a intentar resolver la situación. Ella, incómoda y temerosa, entra. Pero no hay hotelería disponible (hay un congreso en la ciudad) para irse y a Tess no le queda otra que pasar la noche ahí. El le prepara la cama, se va al sillón y se comporta como un caballero. Pero la duda está y cualquier espectador creerá saber lo que pasará de allí en adelante.

La casa está en Brightmoor, un barrio de las afueras de Detroit en decadencia y semi-abandonado. Al otro día, Tess va a la ciudad a una entrevista de trabajo (para eso viajó ahí) y al regresar encuentra en la casa otro clásico del género: un subsuelo por debajo del subsuelo. Allí ve una cama, una cámara y elementos que parecen de tortura. ¿Será ese el secreto de Keith? Pero cuando creemos que ya lo tenemos claro, de una manera que podríamos definir como «hitchcockiana» (todo este comienzo es deudor de PSICOSIS), las cosas prueban ser bastante distintas de lo que creíamos.

Ahí la película pegará un primer e importante giro al abandonar lo que pasa en esos tenebrosos subsuelos para irse a una luminosa Los Angeles a seguir a un actor, AJ (Justin Long), que se entera que ha sido acusado de abuso sexual y perderá todos sus trabajos y hasta su equipo. Desesperado y sin opciones económicas para enfrentar los juicios que se le vienen (dice ser inocente, pero no lo parece) no le queda otra que viajar a Detroit, más específicamente a Brightmoor, a intentar vender su casa. Sí, la misma casa en la que estuvimos. El resto, bueno, ya lo verán ustedes ahí…

El elemento hitchcockiano jamás desaparece y Cregger logra introducir temas actuales sin forzarlos demasiado en la trama (bueno, salvo uno), haciendo que más allá de su premisa terrorífica la película jamás entre en el terreno de lo fantástico o lo excesivamente espectacular. Es una película módica y pequeña en cantidad de personajes y en escenas violentas, pero funcionan bien no solo por la pericia técnica con la que están resueltas sino porque el espectador logra involucrarse con personajes que, en su mayoría, son más que simples figuras prototípicas del género.

La expectativas iniciales se torcerán, en algún momento BARBARO volverá a cambiar de eje, de personaje y hasta de tiempos, pero todo dentro de un tono de terror social que la une en cierto modo a HUYE! o a ELLOS, por citar solo algunas películas y series recientes. Si bien el racismo no parece ser el tema principal, el contexto de la ciudad peligrosa poblada por afroamericanos, los prejuicios existentes ligado a eso y ciertos detalles de la trama dejan en claro que es uno de los ejes fuertes. Y el tema de la crueldad masculina es otro que se va volviendo más y más fuerte con el correr de los minutos, aunque siempre con sorpresas inesperadas.

Lo mejor de BARBARO –cuya popularidad en festivales llevó al estudio a estrenarla en cines cuando originalmente estaba pensada para salir directo en Hulu/StarPlus–es que no es para nada previsible, que todo el tiempo le quita al espectador la base en la que está parado para girar hacia otros personajes (hay varios que ni cité aquí para no spoilear nada) y que, a diferencia de otros films de género «políticamente correctos» de los últimos años, no pone sus temas y su subtexto por encima de la trama y de su mecánica. Están ahí para quien quiera interpretarlos, pero el resto disfrutará de una inteligente y original película de terror.