Baldío

Crítica de Brian Macchi - Fancinema

LOS FELICES

Quizás iniciar esta reseña exponiendo que fue la última película de Mónica Galán sería un poco artero, pero es la realidad. Es que Baldío fue pensado por la actriz como su obra póstuma, en la cual no sólo protagoniza sino que produce y es coautora del guión, sabiendo que el maldito cáncer no le iba a permitir verla en pantalla. Por todo esto, no resulta caprichosa la trama donde Galán interpreta a Brisa, una reconocida actriz que mientras protagoniza una película en rodaje, atiende las emergencias de su hijo, adicto a las drogas; la cámara sigue su proceso, mostrando el devenir de este personaje entre la ficción y la cruda realidad.

Filmada íntegramente en blanco y negro, Baldío se caracteriza por planos estáticos y precisos, con poco movimiento, pero que contextualizan en forma precisa cada situación. La destacada elección visual le aporta un tono sombrío a la historia dándole seriedad al relato que coincide con la crudeza de lo narrado. Dentro de estas formas, Galán lleva adelante un rol primordial para el pulso del film, realizando una labor ajustada y precisa, sin estridencias, exponiendo el tono justo para la trama. Es acompañada por un elenco estelar que con pequeñas apariciones enriquece la producción.

No obstante, esta precisión actoral y artística desemboca en una solemnidad, poco emotiva, más aún en una historia dura y movilizante como esta, en la cual el factor emocional brilla por su ausencia. Tal vez se centra demasiado en personalizar en Galán como su motivación sentimental, pero para quien no conoce lo sucedido no le aporta mucho más al respecto. Baldío es un correcto film, de gran factura técnica y con una actuación protagónica solvente y sin falencias, pero con una enorme falta de sensibilidad hacia una historia que lo merecía, más allá de los instantes finales que se resignifican una vez se conoce lo sucedido con la actriz. Quizás sea la única pizca de emoción en un producto demasiado frío.