Bad Cat

Crítica de Fernando Sandro - Alta Peli

El turco en la neblina.

La industria audiovisual turca es famosa, entre otras cosas, por sus telenovelas de éxito mundial, sus “copias” apócrifas de tanques hollywoodenses, y por directores como Metin Erksan o Nuri Bilge Ceylan.

A partir de ahora, también podrá ser recordada por haber producido una de las películas animadas más incómodas e inclasificables de las que se tenga memoria. Difícil que haya un calificativo mejor para Bad Cat que la de híbrido.

Basada en una historieta llamada Serafettin the Bad Cat, conocida popularmente como Shero, creada en 1996 por Bülent Üstün, narra las aventuras de un gato de ciudad que vive con un dueño bonachón, vulnera a los perros, y vive aventuras en un tono no apto para niños. Sí, sus referencias son bastante obvias. Igualmente ese no es su principal inconveniente.

Lo que más extrañeza causa es su tono “intermedio” entre un ritmo que sí puede ser considerado de remate infantil, con chistes y lenguaje grueso -y algo grosero- supuestamente para el público adulto. Eso sumado a un planteo de cuestiones que escapa a ambos sectores. Bad Cat se ubica en una zona gris que no solo no la favorece: produce un abismo de distancia.

Animación, asunto de mayores:
No es ninguna novedad: la animación no es terreno exclusivo para el público infantil. Bajo la mala categorización de “dibujitos” se suele circunscribir normalmente a la animación con un consumo inferior al target adolescente. Sin embargo, la tradición que demuestra lo contrario es incontable.

Por nombrar solo un par, Heavy Metal, Felidae, Watership Down, o The Plague Dogs (más casi toda la producción animada proveniente de oriente) son excelentes películas animadas dirigidas al público mayor de edad por diferentes cuestiones.

Bad Cat intenta seguir la misma tradición. Pero allí dónde las antes nombradas tocaban temáticas fuertes y profundas, Bad Cat se limita a una historia más bien sencilla, sin mucho vuelo, plagada de imágenes de dudoso gusto que justifiquen el calificativo de “para adultos”.

Todo se resume en la vida de su protagonista, Turro, un gato que físicamente parece una versión alucinógena y chabacana de Garfield. Turro es fiestero, vulgar, se aprovecha de su dueño al que maltrata, tiene un grupo de amigos como una rata sucia y una gaviota despeluchada, quiere conquistar a cuanta gatita se le cruce, y vive libre.

Lo que veremos es un día muy alocado de su vida, en el que vivirá varias aventuras. Tantas que cuesta hilvanarlas. Hay que planear una fiesta, seducir a una gata “propiedad” de un dibujante de comics al que terminará asesinando y convirtiendo en zombie, le aparece un hijo extraviado, es perseguido por la autoridad (y por el zombie, obvio, personaje que no para de morir en cada escena en las que aparece), y otras cosas más.

Un ronronear vacío:
La idea de un gato en animación adulta inmediatamente nos retrotrae a Fritz, el gato, aquella obra imborrable de Ralph Bakshi. Pero a los pocos segundos de iniciada Bad Cat nos daremos cuenta que, si bien hay influencias indudables de aquella, es imposible siquiera compararlas.

En la primera escena hay una humorada respecto de La Guerra y La Paz de Tolstoi, lo que nos da alguna esperanza. Tristemente es el único momento con algo de vuelo, y bajo.

Bad Cat suma una historia que no es tal, diálogos que remplazan inteligencia por insultos aleatorios, y una sumatoria de imágenes que producen bastante rechazo en infantes y en adultos (el zombie con la cabeza abierta y putrefacta es de las imágenes con menos atractivo del cine de animación en mucho tiempo). Agreguen una animación de calidad bastante pobre (¿Recuerdan los espasmos de Foodfight?) y el combo queda servido. Agreguemos que en nuestro país la veremos exclusivamente con un doblaje plagado de modismos latinos sin razón de ser.

Conclusión:
Ni para chicos, ni para adultos, Bad Cat es una película plagada de indefiniciones y flaquezas. Quizás en una sociedad conservadora y algo retrasada en derechos de liberación como la turca, su fórmula funciono de otro modo (de hecho fue un éxito masivo en su país). Sacada de ese ámbito, no pareciera tener demasiada razón de ser.