Babylon

Crítica de Catalina Dlugi - El portal de Catalina

Una mirada desmesurada, delirante, deslumbrante y directa sobre la transición de Hollywood del cine mudo al cine sonoro y el destino de las estrellas que llegaron rápidamente al ocaso. Damián Chazelle que tantos elogios y premios tuvo con sus anteriores películas se embarca en un proyecto ambicioso, largo, caótico que produce atracción y rechazo al mismo tiempo. Pero también es una crónica de cómo la depravación moral de leyendas de la época y todos sus excesos fueron rechazados por una ola de moralismo que incrementó la censura y la hipocresía. La primera media hora es una apertura extravagante donde se recrea una fiesta de sexo, drogas, abusos, con cientos de extras no digitales, basada en una realidad nunca olvidada. Derroche de situaciones, recuerdos vagos de figuras de la vida real, impunidad total con cuerpos usados y tirados. No hay sutilezas ni compasión para sus criaturas. Sobresalen el personaje de Margot Robbie, su rápido ascenso al estrellato y la mirada que Diego Calva le otorga a su rol, todo lo vemos a través de sus ojos. El elenco reúne a Brad Pitt que le saca provecho a su galán que no puede superar el pase al cine sonoro y recibe una lección de lo efímero de la fama de parte de una periodista encarnada por Jean Smart. Margot Robbie se exige al máximo y su entrega es total con una heroína a la que Chazelle no supo darle profundidad ni corazón. Porque el film parece una sucesión de viñetas, incluida una visita al inframundo totalmente gratuita y puesta para que trabaje Tobey Maguire. Pero el film imperfecto es también arrollador en su tres horas y 9 minutos. Es la posición de un creador apasionado que se juega por sus ideas, que irremediablemente nos seduce con lo desaforado de su ambición.