Atraco!

Crítica de Rosa Gronda - El Litoral

Las joyas de la discordia

Esta coproducción argentino-española cuenta con dirección catalana y protagonismo argentino compartido, con los conocidos actores Francella y Cabré al frente. El guión tiene numerosas vueltas de tuerca, en un marco histórico que transcurre por canales clásicos de género: pasa por tramos de comedia, melodrama y finalmente se instala en lo más oscuro de la tradición policial.

La trama reconstruye muy libremente algunos hechos acerca del misterioso robo de las joyas de Eva Duarte de Perón a mediados de la década del ‘50, cuando ante dificultades económicas del ex presidente exiliado en Panamá, la leyenda dice que éstas fueron secretamente empeñadas por un secretario personal, en la película, un tal Landa, interpretado por Daniel Fanego en una de las caracterizaciones más acertadas. Así, ese invalorable tesoro va a parar a una joyería de la Gran Vía madrileña con la promesa de retorno a su origen. Pero el azar juega en contra y la esposa del generalísimo, aficionada a las joyas, se interesa en adquirirlas. Ante esta situación, el responsable de restituirlas trama la simulación de un robo (“atraco” en español), para lo cual recurrirá a un ex guardaespaldas incondicionalmente peronista y a un joven inexperto que aparece circunstancialmente a buscar trabajo como actor en un cabaret centroamericano, donde el entorno del General pasa la mayor parte de sus días en el exilio. A partir de aquí, todo ocurre en torno de esta dupla despareja de argentinos que deben simular lo que no son. La película, antes de ponerse tensa y dramática, capitaliza con humor las diferencias del experimentado (Francella) y el aprendiz torpe e ingenuo (Nicolás Cabré). Además, incluye una agradable historia de amor que permite el lucimiento de la actriz española Amaia Salamanca como una bella enfermera lejos de la tradicional malignidad de femme fatal.

A la sombra de la historia

Con datos históricos reales y otros ficcionalizados, se teje una buena trama que va rotando desde el costumbrismo a la comedia de enredos, hasta encontrar un desenlace a la altura de estos conmovedores personajes menores, a la sombra de otros poderosos, pero que a puro sentimiento se meten por fidelidad en medio de circunstancias que los sobrepasan.

Se destacan las precisas actuaciones tanto en los roles principales como secundarios: un Francella más contenido que trabaja los gestos mínimos; Daniel Fanego, exacto en la piel de un dirigente cínico duro pero con un resquicio de escondida humanidad y en distinto nivel; Nicolás Cabré, con un personaje simpático pero lleno de tics televisivos aunque hacia el final parece encontrar un perfil más profundo a su personaje. Del lado español, se destacan los dos detectives y sus diálogos.

Condimentos excesivos

Le sobran méritos a “Atraco” para destacarse como una interesante incursión en el policial negro pero se dispersa demasiado en otros estilos que desvían la atención hacia carriles que en vez de sumar, restan, como una mesa bien servida con ingredientes de calidad pero en exceso. Éstos terminan por saturar el paladar y la intensidad se disgrega quedando un buen entretenimiento que no acierta en el tono.

Con una reconstrucción de época preciosista a pesar de anacronismos, como los inhaladores de plástico que aparecen durante el ataque de asma de Landa o el habla de los argentinos que no responde a los modismos y entonaciones de época.

El director catalán Eduard Cortés es un digno narrador y todos los elementos de la producción lucen cuidados y vistosos. También se da lugar a que todos los talentos artísticos que participan del film tengan su espacio (algo poco habitual y siempre bienvenido). Más allá de sus indefiniciones de tono, algunos clichés y anacronismos, el film siempre mantiene un nivel que no baja de un bueno muy alto.