Atlántida

Crítica de Alejandro Lingenti - La Nación

El despertar de la sexualidad es el tema central de Atlántida, ópera prima de la cordobesa Inés Barrionuevo que ya fue exhibida en el Bafici y en el festival de Berlín con buena repercusión. Dos jovencitas quedan transitoriamente solas en su casa; sus padres se han ido de viaje. Esa ausencia parece estimular de algún modo sus leves exploraciones amorosas. El contexto -un verano de fines de los 80 en un pequeño pueblo cordobés- es puntualizado por la directora con la misma sutileza con la que la película aborda cada tema: los conflictos y las intrigas amorosas entre adolescentes, los pequeños cortocircuitos en las relaciones fraternales, las proyecciones vocacionales, la comunicación entrecortada entre jóvenes y adultos.

Atlántida se beneficia del carisma de sus dos jóvenes protagonistas (Melissa Romero, Florencia Decall), de la solidez con la que Guillermo Pfenning compone un médico de pueblo ciertamente perturbado por las insinuaciones de una menor y del notable trabajo de puesta en escena de Barrionuevo, muy precisa para crear un universo particular atendiendo sobre todo al detalle. La forma en la que la directora filma esos cuerpos adolescentes en los que empieza a brotar el deseo es muy efectiva: sugiere sin remarcar, invita a imaginar, elude la obscenidad y las obviedades, apuesta a la sensualidad, respeta a sus personajes y los contiene.

Mirados a la distancia, los protagonistas de la historia viven sucesos comunes, circunstancias típicas para jóvenes de clase media de su edad. Lo que Barrionuevo logra es revelarnos la importancia que tienen para ellos. En la aparente liviandad de esas minúsculas aventuras juveniles está cifrada la conformación de la personalidad de estas dos hermanas preparadas para romper el cascarón familiar. La película provoca empatía con ellas y curiosidad por su futuro. No es poco.