Aterrados

Crítica de María Fernanda Mugica - La Nación

El cine de género argentino viene creciendo en los últimos años con la aparición de películas que son promesas para el desarrollo de este tipo de cine a nivel local. Aterrados simboliza el cumplimiento de esas promesas.

Demián Rugna se juega entero a provocar miedo y gana la apuesta, sin refugiarse en el chiste o el ridículo para esconder las dificultades de asustar al público (aunque hay destellos de humor negro y nada de solemnidad). No solo funcionan a la perfección las secuencias más sangrientas o terroríficas, con una puesta en escena sólida y efectos visuales logrados, sino también el suspenso que se mantiene durante todo el film, a fuerza de un guion muy bien construido, que maneja con astucia las revelaciones del caso. Acompaña un elenco a la altura de la propuesta, encabezado por Maxi Ghione, Norberto Gonzalo y Elvira Onetto.

Siempre es mejor no contar demasiado de la trama de una película de terror. Basta con decir que algo extraño y terrible irrumpe en la vida cotidiana de un barrio del Gran Buenos Aires, cobrándose vidas y generando el interés de un grupo de investigadores de lo paranormal y un comisario a punto de retirarse.

Hay que destacar también la agudeza del retrato de un suburbio de clase media. Los detalles le dan al film una particularidad cautivante. Esa familiaridad y el uso de miedos comunes como punto de partida para un horror extraordinario dotan a la película de una cualidad universal y contribuyen a que cumpla con su misión de entretener asustando.