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Crítica de Catalina Dlugi - El portal de Catalina

Hablar con franqueza del instinto maternal, de la difícil relación de una madre y una hija que vivieron alejadas, de las decisiones más difíciles, es lo que nos propone el duro e intenso film de Ruthy Pribar. La realizadora no le teme a ahondar sin bisturí en muchos temas tabú. Como la maternidad casi adolescente que transforma a la protagonista en casi una hermana de su hija Vika. Viven juntas pero en mundos paralelos que se entrecruzan en algunos momentos cotidianos sin comunicación. Hasta que un hecho brutal y frontal refunda el sentimiento materno adormecido, la ternura, el compañerismo, el tiempo, la dedicación, la generosidad. No hay intenciones de melodramas ni emociones de golpe bajo. Lo inapelable y la templanza y después, en una decisión que evidentemente fue hablada lejos del espectador, que solo ve los resultados. Una película que por momentos quita el aliento, por lo valiente, íntima y desgarradora. Los trabajos de las dos actrices son excepcionales. Shira Haas a quien aprendimos a admirar en “Poco ortodoxa” hace una composición precisa, emocional, digna de los mejores elogios. Alena Yiv compone a esa madre distraída primero y abnegada después que se impone por su calidad. No se  pierda esta gran película israelí.