Arribeños

Crítica de Paraná Sendrós - Ámbito Financiero

Postales de inmigrantes del otro lado del mundo

"Una vez al mes me dirijo en tren hasta Belgrano,/ a donde está mi patria sola entre dos calles". Así escribió Song Lin, que vivió tres años en Buenos Aires. Hablaba de las dos cuadras de calle Arribeños, entre Juramento y Olazábal: el Barrio Chino. Lo tradujo Miguel Angel Petrecca, para su antología de poetas chinos contemporáneos "Un país mental". Y ahora lo escuchamos en la dulce voz de Sofía Ching Yin Lin, y lo leemos después, en silencio y pensando en la gente que acabamos de conocer, y en nuestros abuelos de distintas patrias, que apenas conocimos.

En un trabajo de enorme dedicación y sentimiento, Marcos Rodríguez nos acerca a las vidas de esos inmigrantes venidos del otro lado del mundo, en sucesivas camadas y con distintas lenguas. Muchos no tenían ni idea de lo que iban a encontrar. Una mujer, la confesión más dolorosa, no tiene ni idea de la escuela a la que fueron sus hijos. Durante 25 años, ella sólo tuvo tiempo para trabajar y trabajar. Y así se alternan los relatos, desde el hijo de un chino que llegó en 1954 y se casó con una vasca, en adelante. Algunos hablan el español a los ponchazos, otros ya suenan como auténticos porteños. Se apellidan Tiang, Li, Mxie, Kuo, pero ya se llaman José, Margarita, Susana...

Escuchamos sus voces mientras presenciamos la síntesis de un día en el barrio. El amanecer, los negocios que empiezan a abrirse, los lugares de mucho movimiento y los de calma, las fiestas, las ceremonias, el Año Nuevo, la escuela. La maestra observa que, para las nuevas generaciones, el chino ya es una lengua extranjera, en tanto gentes de otras razas se acercan con curiosidad o con respeto. O con hambre. "Empezaron a abrir el paladar", observa uno. El mundo cabe en dos cuadras, y también el consuelo, el buen humor, la nostalgia y el orgullo. Hermosos, los temas de fondo de Jiang Wen-ye: la "Formosan Dance", las "Bagatelles". Buen documental, vale la pena.