Argo

Crítica de Marcos Rodriguez - CineFreaks

Los rehenes

El cine, arte de lo imprevisible, todavía esconde sorpresas para nosotros, incluso dentro de ese aparato tan complejo que es Hollywood. Durante largos años, los espectadores estuvimos acostumbrados a ver a Ben Affleck en bodoques como Pearl Harbor o Amor espinado (Gigli), en revistas de chimentos con fotos junto a Jennifer Lopez, etc. Es cierto que con el paso de los años Affleck había empezado a dar otro giro a su selección de películas (con títulos como La suma de todos los miedos, Hollywoodland o Los secretos del poder), pero nada nos permitía imaginar lo que iba a venir: su nuevo trabajo detrás de la cámara. De pronto, y con tan solo tres películas, Affleck ya demostró tener una voz sólida como director. Ahora conforma junto con George Clooney (otro actor devenido director) la nueva guardia de un Hollywood más clásico.

Las primeras dos películas de Affleck como director (Desapareció una noche, de 2007, y Atracción peligrosa, de 2010) tenían varios elementos en común: el ambiente de Boston, el tono veladamente trágico, la trama policial, una paleta de colores similar. Argo, su última película, de pronto amplía sus horizontes: con ambientación de época y una compleja trama de política internacional, la película no sólo deja Boston atrás (y se va hasta Irán), sino que abre también el juego narrativo para incorporar una gran variedad de personajes y de tonos dentro de un fluir siempre claro, siempre directo y contundente.

La historia de Argo está basada en una historia real. Los hechos ocurrieron hace más de 30 años: cuando estalló la revolución en Irán, los empleados de la Embajada de Estados Unidos quedaron atrapados como rehenes del nuevo régimen. Seis empleados lograron escapar en el último momento y se refugiaron en la casa del embajador de Canadá, que los escondió durante meses. Al agente de la CIA Tony Mendez (interpretado por el propio Affleck), especialista en extracciones, se le ocurre un plan para intentar sacarlos del país con vida. Tiene que montar una película falsa de ciencia ficción.

Uno de los aspectos más sorprendentes de esta película es la seguridad con la que Affleck lleva adelante la historia. Sin simplificaciones, sin textos explicativos o parlamentos forzados, sin subestimar a su espectador y confiando siempre en la imagen, entramos en esta situación trabada por múltiples peligros sin la menor dificultad. Los hechos se van desarrollando con un ritmo preciso que nos lleva, por ejemplo, a que el protagonista de la película no aparezca en pantalla hasta pasados ya varios minutos de presentación. No hay necesidad de impacto o trucos fáciles: Argo elude el espectáculo barato a través de una fe concreta en la historia que se está contando. Los personajes son los que llevan la historia (y no una cámara o un montaje nerviosos) y la historia nos va llevando de un lado al otro (del planeta y del espectro narrativo). Así, una película de intriga internacional puede incluir en su centro una sección ligera con personajes de Hollywood (los grandiosos John Goodman y Alan Arkin), tramas de familias deshechas o en tensión y pequeños pero fundamentales personajes secundarios, como el de la empleada iraní que trabaja en la casa del embajador. Todo esto sin olvidar nunca la tensión fundamental que atraviesa la película y que termina de estallar en una larga secuencia final perfectamente articulada y agotadora. El propio Affleck parece haber encontrado la clave para una actuación seca, mínima y efectiva.

El placer que produce Argo va más allá de la economía con la que se manejan los momentos cómicos o el detalle con el que se maneja la intriga para generar una tensión que va aumentando a lo largo de los 120 minutos de película. Más allá de las muy buenas actuaciones y un muy buen montaje, Argo revela un amor infinito por el oficio de contar historias, un profesionalismo que busca ser fiel a los elementos con los que trabaja. Es ese amor por los detalles concretos que conforman la materia del cine el que termina por convertirnos en rehenes de ese mundo que despliega Argo: transparente y complejo, simple y atrapante.
Que la modestia narrativa no nos engañe: Argo es una de las mejores películas del año.