Aquarius

Crítica de Agustina Tajtelbaum - Toma 5

31° MDQ Film Fest: “Aquarius” de Kleber Mendoça Filho (2016)

“Aquarius” es el nombre de un edificio colonial de la parte rica de Recife, frente a la playa, en un lugar paradisíaco. Allí vive Clara, donde ha vivido toda su vida, donde ha sobrevivido a un cáncer, donde ha criado sus hijos, donde se ha casado y enviudado. Sin embargo, la vida encuentra a Clara como la última habitante de ese edificio, donde todos los departamentos han sido comprados por una constuctora que busca utilizar el terreno para un nuevo emprendimiento. Sin embargo, la mujer se niega a abandonar su hogar.

Aunque a priori puede parecer que la película se tratará de la historia de este conflicto, que sirve como común denominador durante todo el metraje; en realidad es una excusa. Se trata de un truco para contar la vida actual de Clara, una suerte de biopic sin demasiado pasado más que las primeras escenas. Es una vida de clase alta, pero además llena de relaciones sociales y familiares. Al contrario que a muchas personas mayores, ella se mantiene activa y no hace caso a ninguna posible limitación. Su decisión de no dejar su departamento es coherente con su estilo de vida.

El antagonista viene a ser Diego, un joven arquitecto que lleva adelante el proyecto del “Nuevo Aquarius” y quien insiste en que Clara venda su departamento. Sin métodos legales para sacarla, él intentará diferentes formas de molestarla en pos de ganarle por cansancio. Es un planteo sencillo, que si no se tiene cuidado podría haberse vuelto repetitivo. Sin embargo, maneja los tiempos en que se deja relucir el conflicto principal y los momentos de pura biopic en los que aquello no nos importa.

Con los colores brillantes que siempre recuerdan las playas brasileras, con música acorde, en realidad muestra el choque entre dos modos de vida: la mentalidad tradicional y la modernidad. Sin embargo, no se realiza en forma excesivamente contrastada, sino que se maneja con delicadeza. El relato fluye en forma orgánica para que el espectador no se aburra en sus dos horas y media de metraje. La empatía que genera la protagonista es el enganche central de la historia: sin él, toda la narración carecería de sentido. Emotiva y ligera a la vez, resulta una gran muestra de dos lados bien diferenciados de la cultura brasilera.