Apuesta maestra

Crítica de Jorge Bernárdez - Subjetiva

Apuesta maestra, de Aaron Sorkin
Por Jorge Barnárdez

Entre los géneros que Hollywood sabe producir como nadie, el de las película con los juegos de azar y las estafas son una especialidad de las casa. Si además la historia está escrita por Aaron Sorkin, quizás el mejor guionista de las industria y creador de grandes series como The Newsroom, lo único que se puede decir es que el espectador se sienta con altas expectativas en las butacas.

La historia de Molly Bloom -la película se basa en el libro escrito por la Princesa del Poker, como la bautizó la prensa-, es ideal para un escritor como Sorkin. Molly fue de niña altamente competitiva y bajo el impulso de su padre, se había especializado en el esquí sobre nieve pero pese a su empeño, un accidente la sacó de ese deporte. Brillante, cáustica y rebelde, Molly se fue de casa a los 22 años tras decidir que merecía tomarse un tiempo antes de dedicarse a alguna carrera universitaria y así empezó la lucha por la supervivencia. Camarera, secretaria, asistente y así, de trabajo en trabajo, termina organizando para un jefe detestable y explotador mesas de poker cuyo costo de entrada era nada menos que de diez mil dólares. Molly se transformó en el engranaje esencial de esos juegos y entre su salario como asistente el plus que cobraba por el armado de esas noches y las propinas de los asistentes, su cuenta bancaria de Bloom se fue abultando. Por supuesto que el crecimiento de la asistente no pasaba inadvertido para el jefe de Molly, que tras una mala racha tuvo un brote de celos pero la chica empezó a sospechar que se le acababa la cuerda con su mentor armó y su propia mesa en un hotel cinco estrellas. Comida exclusiva preparada por un chef, los mejores puros, bebidas caras y mujeres bellas como asistentes.

Molly era la regente de un verdadero paraíso para ricos y famosos. Mucha plata, crédito para los que se olvidaban la billetera pero nada de cuestiones ilegales, o sea, nada de drogas o prostitución, dentro de ese recinto, en el pasillo o en los alrededores no era algo que a Molly Bloom le importara. Pero, siempre hay un pero, el crecimiento del negocio, la llegada de multimillonarios a la mesa sin preguntar cuáles eran sus vinculaciones y las presiones, hacían que Molly trataba de superar consumiendo toda clase de drogas que la mantuvieran despierta o que la ayudaran dormir cuando llegara el momento. Millonarios, chicas lindas, drogas y la mafia en distintas versiones y con eso el riesgo de vida lleva mezclarse con esas organizaciones y detrás de todo eso el FBI, claro, que vigila y que no deja pasar oportunidad si uno se aparte del camino y la pobre Molly entre la cocaína y las otras drogas, perdió el control y le eficiencia, por lo que terminó detenida en un súper operativo. Aparte de detenerla el gobierno de los estados Unidos le incautó toda la plata y le inició una demanda buscando que Molly Bloom contara todo lo que sabía.

Jessica Chastain está magnífica poniéndole el cuerpo a un personaje que no abandona nunca su fachada de total control, Idris Elba es el abogado que la representa y Kevin Costner, que por supuesto nunca falla, es el padre de la protagonista.

Aaron Sorkin es mejor guionista que director, pero de que el relato pasa sus dos horas veinte y tal vez puedan ser excesivas, no afloja nunca su tensión y le permite a su creador una mirada sobre el sueño americano y varias cuestiones adyacentes. El mayor valor de los guiones de Sorokin suele ser que una vez terminada la película, se produce esa anomalía para estos tiempos, la de quedarse pensando.

APUESTA MAESTRA
Molly’s Game. Estados Unidos, 2017.
Guión y dirección: Aaron Sorkin. Intérpretes: Jessica Chastain, Idris Elba, Michael Cera, Kevin Costner, Jeremy Strong, Chris O’Dowd, Bill Camp, Graham Greene y Bryan D’Arcy James. Fotografía: Charlotte Bruus Christensen. Música: Daniel Pemberton. Edición: Alan Baumgarten, Elliot Graham y Josh Schaeffer. Diseño de producción: David Wasco. Distribuidora: Diamond Films. Duración: 140 minutos.