Aladdín

Crítica de Néstor Burtone - Otros Cines

Disney da otro paso en su idea de reciclar grandes clásicos del estudio con remakes con actores. Así pasaron, entre otras, Alicia en el país de las maravillas, La Cenicienta, La Bella y la Bestia, El libro de la selva y Dumbo. A esa nómina se le suma esta nueva versión de Aladdín a cargo del británico Guy Ritchie.

Como en todas esas películas, la fórmula es similar y consiste en tomar las coordenadas básicas aunque con pequeñas modificaciones acorde a los tiempos que corren. Así como en La Bella y la Bestia se incluyó a un personaje gay, ahora hay una mujer mucho más fuerte que su predecesora. El resto es más de lo mismo: la historia romántica interclasista entre el ladrón Aladdín (Mena Massoud) y la princesa Jazmín (Naomi Scott); el monito capuchino Apu, el genio azulado y bonachón (Will Smith) y, desde ya, el malvado Jafar (Marwan Kenzari) que intentará quedarse con el trono del sultán.

Con media hora más de duración que la película original, Aladdín recorre el mismo cauce marcado hace 27 años. Lo hace manteniendo gran parte de la banda de sonido original y sumándole un despliegue visual antes ausente. En ese sentido, Guy Ritchie –cada día más lejos de la promesa indie que supo ser hace dos décadas– apuesta por un paleta de colores recargada, de tonos intensos y contrastados, dándole a la película aire entre grasa y kitsch. El resultado es un entretenimiento eficaz y pasatista que se olvida pocos minutos después del fin de los créditos.