Aftersun

Crítica de Tomás Guarnaccia - Con los ojos abiertos

El horizonte de expectativas que auguran estas primeras imágenes remite inmediatamente al boom contemporáneo de documentales autobiográficos donde archivos familiares se convierten en pistas que realizadores (devenidos en una suerte de detectives de la intimidad) indagan alrededor de intrigas del pasado –Esquirlas en Argentina o la irlandesa The Image You Missed son ejemplos resonantes–. Pero Charlotte Wells aprovecha la ley del arte que dicta que todo puede ser ficcionalizado y entrega una narración puramente ficcional donde incluye esos videos de aparente cariz documental como una de sus partes. La propia realizadora advierte en una carta dirigida a los espectadores: “Esta película es inequívocamente ficción, pero dentro de ella hay una verdad que es mía; un amor que es mio”. Una verdad y amor que tienen que ver, según también dice, con dos viejas fotos que fueron punto de partida para la película. En estas están ella y su padre, él con 30 y pico y ella con 11. Están juntos, es verano y son unas vacaciones en un resort de Turquía.