Adiós entusiasmo

Crítica de Marcela Barbaro - Subjetiva

Adiós entusiasmo, de Vladimir Durán
Por Marcela Barbaro

Se oye la voz de una mujer desde su cuarto. En la puerta, cuelga un candado sujeto al picaporte que nos marca un límite. Sus palabras se alojan en la imagen y la vuelven presente. Desde allí, maneja su hogar: se comunica con sus hijos, amigos y familiares, quienes atienden sus reclamos con una naturalidad asombrosa.

Adiós entusiasmo fue elegida para exhibirse mañana en la apertura de la Sala Leopoldo Lugones, en su temporada 2018. La ópera prima del actor y director colombiano Vladimir Durán, explora una problemática familiar donde se alteran y complejizan los vínculos afectivos, el juego de roles y la relación espacial entre el mundo interior – exterior.

Axel es el menor de la casa. Tiene doce años y debe asumir que su madre Margarita, vive detrás de esas paredes. Le gusta el piano, los mapas, hacer esculturas en arcilla y lo obsesiona el tema de la materia negra. Esa riqueza interior que lo ayuda a canalizar, se ve estimulada por su hermana Alicia, con quien juega y ensayan una canción en portugués, también por Alejandra y Antonia con quienes se relaciona de diferentes maneras. El cuadro familiar se completa con la figura de una tía, interpretada por la talentosa Verónica Llinás, que ayuda a sus sobrinos, como puede.

Ambientada en Buenos Aires, y rodada prácticamente en interiores, la película se desarrolla con una puesta en escena donde prima el plano anamórfico, al que se suma la cámara entre los ambientes de la casa captando, de cerca, la cotidianeidad de cada personaje, principalmente en torno a Axel. Esa fusión, genera un clima de agobio y claustrofobia, más allá de la ansiedad en la que se inscribe la historia. Planos cerrados, luz cálida y espacios reducidos fijan los límites de las escenas que se van sucediendo con distintos matices. En ese hogar disfuncional, el baño, por ejemplo, se aleja de su uso habitual, para ser “el sitio” de encuentro con la madre, de la que sólo los separa una pared y una ventana para hablar, pasarle una copa, o una frazada.

El sonido fuera de campo, es otro de los elementos narrativos. En términos de Michael Chion, funciona como un sonido acusmático (oímos sin ver la causa de donde proviene). A Margarita nunca la vemos, solo nos llega su voz, lo que aumenta la importancia del personaje y la tensión que provoca dentro del campo diegético. Su presencia es tan fuerte, que logra manipularlos de diferentes maneras como un síntoma. Ese sonido en Antonia, se volverá un zumbido constante en el oído.

Estrenada en la sección Forum del Festival de cine de Berlín y ganadora del mejor largometraje en la categoría vanguardia y género el Bafici 2017, entre otros premios, la película de Durán expone los mecanismos de preservación que los miembros de una familia articulan para convivir, como el simulacro de un cumpleaños anticipado, por ejemplo. El espectador no entra en ese juego de complicidades, nadie abre el candado, ni dice. Nuestra mirada permanece como testigo de ese laberinto, con algunas preguntas por hacer..

ADIOS ENTUSIASMO
Adios entusiasmo. Argentina/Colombia, 2017.
Dirección: Vladimir Durán. Intérpretes: Camilo Castiglione, Laila Maltz, Mariel Fernández, Martina Juncadella, Verónica Llinás, Rosario Bléfari, Valeria Valente, Vladimir Durán, Lucas Besasso. Guion: Sacha Amaral y Valdimir Durán. Fotografía: Julián Ledesma/ Montaje: Ana Godoy y Laura Bierbrauer/ Sonido: Emilio Iglesias y Nahuel Palenque. Duración : 79 minutos.