Actividad paranormal 3

Crítica de Iván Kazi - EscribiendoCine

¿The Horror? ¿The horror?

En Actividad Paranormal 3 (Paranormal Activity 3, 2011) cada acción remite a otra similar de alguna película de la saga. Entre presencias abyectas y sombras confusas, el espectador recorre el camino del horror con una indisociable sensación de Deja vú.

La película inicia como una posible precuela a los hechos acontecidos durante las dos primeras entregas. El comienzo está situado en el año 2005, un año antes de que la trama de la primera Actividad Paranormal (Paranormal Activity, 2008) se desarrollara. Katie (Katie Featherston) decide visitar a Kristi (Sprague Grayden), su hermana menor embarazada y requerirle algo de espacio para almacenar unas cajas con viejas pertenencias de su abuela. Luego de acceder, Kristi examina las cajas sólo para encontrarse que contienen cassettes de video.

Una escena de cumpleaños posiciona al espectador en el pasado, donde las pequeñas hermanas corretean alegremente entre los invitados. Kristi, sin embargo, introduce a la familia a un invitado invisible. Toby, como la niña lo llama, probará ser algo más que un mero producto de su pueril capacidad imaginativa.

En su crítica a Actividad Paranormal 2 (Paranormal Activity 2, 2010), Lucia Roitbarg afirmaba que la película ya volvía a repetir la estética documental de su antecesora. Esta cuarta edición, para el disgusto, toma un paso más en la tediosa senda hacia la reiteración. El director repite, con inaudita y condenable minuciosidad, la estructura técnica y narrativa de las dos ascendientes para luego, con un porcentaje pasmoso de impunidad, conformar un compendio ecléctico de todas las anteriores. De la primera toma a la pareja adulta como protagonista, desde cuya perspectiva se aprecian los hechos y la utilización insistente de la frase “What the fuck” que anticipa siempre una sucesión de sobresaltos catastróficos. De la segunda toma a la familia para el núcleo de la trama y la colocación de cámaras en todo el escenario. También como en la tercera, reinciden con un paradigma contemporáneo del género de terror; nenas de apariencia poseída acechando inmóviles en la oscuridad.

Actividad Paranormal 3 es, fundamentalmente, una emisora sistemática de pequeños sustos o lo que el crítico norteamericano Roger Ebert llamaría “Gotcha! Moments”: Aquella costumbre arraigada en el cine de terror de causar intranquilidad por medio de irrupciones súbitas de entidades, inescrutables para el breve instante en el que son expuestas. Desde que inicia el film hasta el primer Gotcha! Moment (a los 20 minutos aproximadamente) el director manipula los hilos sin descuidar el suspenso y amenazando con sugestión desatar la cadena de azoramientos. En esa expectativa se encuentra el único elemento intrigante de la película y, una vez agotado el primer impacto, el interés se atenúa de manera gradual.

La nueva colaboración de Henry Joost y Ariel Schulman no irrita ni emociona. Intenta asustar, pero termina por producir ráfagas insignificantes de sobresaltos repetidos. Un nuevo trabajo fílmico que evoca nada más que indiferencia.