Abuelas

Crítica de María Bertoni - Espectadores

Conmueve profundamente el tributo de Cristian Arriaga a las Abuelas de Plaza de Mayo, que ingresará mañana jueves al circuito de exhibición online a modo de pre-estreno mundial. Abuelas a secas se titula esta «película sobre (y con)» –reza el afiche– las mujeres imbatibles que siguen buscando y encontrando a sus nietos apropiados por los verdugos del Estado terrorista que (des)gobernó a la Argentina entre 1976 y 1983. El film emociona a partir de un trabajo a priori sencillo: entrevistar en un mismo espacio, con una cámara fija a la misma altura, a diez miembros de la asociación creada en 1977; hilvanar los testimonios con la intención de convertirlos en engranajes de un relato colectivo; prologar el compendio con un breve repaso de antecedentes y entretelones de la dictadura más brutal y perversa en la historia de nuestro país.

La dedicatoria al comienzo del largo –A mi amada abuela Elvira, a quien siempre tuve y quien siempre me tuvo– adelanta la naturaleza afectiva y afectuosa de este homenaje. De hecho, cuando interviene durante el rodaje, el realizador guaminense se comporta como un nieto respetuoso, cariñoso, por momentos pícaro con las entrevistadas Estela de Carlotto, Rosa Roisinblit, Delia Giovanola, Sonia Torres, Ledda Barreiro, Buscarita Roa, Ángela Barili, Emilce Flores y las recientemente fallecidas Berta Schubaroff y Aída Kancepolski.

Con este interlocutor amoroso, las Abuelas adoptan por un rato la inicial minúscula y se convierten en entusiastas relatoras de anécdotas de infancia y adolescencia, narradoras únicas de ese pasado remoto que fascina a algunos integrantes de las nuevas generaciones. Mientras el micrófono registra esa evocación nostálgica, la cámara captura la mirada luminosa de estas mujeres cuyas edades, en tiempos de filmación, oscilaban entre los setenta y noventa-y-tantos años.

Arriaga se revela como un entrevistador atento a las palabras y los gestos de sus interlocutoras, y respetuoso de la necesidad de callar ante la irrupción de los recuerdos más dolorosos. Como sucede en otras circunstancias, aquí también algunos silencios son más elocuentes que las declaraciones.

El encuentro con estas diez abuelas generó el material casi excluyente del film; de hecho las entrevistas sólo conviven con la recreación del prólogo que el realizador co-escribió con Osvaldo Bayer, y que Liliana Herrero lee en off. La sucesión de primeros planos y planos medios acordados a «cabezas parlantes» podría fastidiar a los espectadores gustosos del cine documental que despliega otros recursos narrativos, por ejemplo recortes de publicaciones, extractos de noticieros, ficcionalizaciones con actores o animaciones. Sin embargo, el montaje a cargo de Arriaga y de Juan Carlos Macia consigue que los testimonios cautiven más allá de preferencias y expectativas.

Abuelas evita dos destinos posibles para una propuesta audiovisual de estas características: la pieza institucional y la reconstrucción histórica. En cambio, se acomoda bien entre las películas que auspician el (re)descubrimiento de referentes en principio harto retratados y por ende conocidos.

Arriaga también compuso la canción central del largometraje –Abuela, en singular– que León Gieco entona con Raúl Porchetto y Gustavo Santaolalla, y que acompaña el desarrollo de los créditos finales. De esta manera el nieto cineasta de Doña Elvira les rinde un homenaje doble a nuestras Abuelas con inicial mayúscula.