Abrir puertas y ventanas

Crítica de Pablo Bruetman - Infonews

Llenar la ausencia

"Abrir puertas y ventanas", ópera prima de Milagros Mumenthaler es un interesante ensayo cinematográfico sobre el fuera de campo y su función narrativa pero que deja afuera al espectador medio que busca y pretende otra cosa del cine.

¿Cómo calificar a una película bien filmada, bien actuada, qué invita a la reflexión y te deja rebotando cosas en la cabeza pero no logra entretener ni hacer reír ni llorar ni causar ninguna emoción en todo su metraje?

Dejemos la calificación apartada al menos por un momento y vayamos al argumento de la película, que tal vez pueda ayudarnos a disolver esta incógnita. Marina(Maria Canale), Sofía(Martina Juncadella) y Violeta(Ailin Salas) viven solas en una casa, únicamente acompañadas por un joven casero, que vive en un anexo, después de la muerte de la abuela Alicia. Toda la acción transcurre en la casa y abarca desde un tiempo después del año nuevo hasta el inicio de la primavera, según se dilucida por el vestuario. No hay ninguna escena afuera de la casa que, por suerte, tiene un lindo patio bien verde. Lo que no significa que afuera de la casa no pasé nada relevante para las hermanas, por el contrario pasa muchísimo pero la idea y la gracia de la película pasa precisamente por no mostrarlo, por jugar con el fuera de cámara, por hacer imaginar al espectador lo que sucede en el afuera, por conseguir que cada persona pueda crear su propia visión y su propia historia. Y si cada uno construye una historia distinta una misma película puede tener distintas visiones. ¿Y entonces cómo calificamos la visión de cada uno?
María Canale y Ailin Salas
María Canale y Ailin Salas

El primer plano secuencia de la película remite al inicio de Citizen Kane(1941, Orson Welles). Allí se muestra la reja que divide a la casa y al exterior. Una vez que la cámara entre ya nunca saldrá y podremos ver como buenos voyeurs todo lo que pase allí dentro. Si hay sexo adentro de la casa lo veremos, en cambio si una hermana decide irse de viaje con un chico, u otra hermana cambia de trabajo tendremos que inferirlo por lo que suceda dentro de las paredes.

Tres hermanas y un casero encerradas en una casa después de la muerte de su abuela sería un argumento típico de una película de terror. Pero no lo es. Podría ser una de esas comedias negras francesas pero las protagonistas no son graciosas, hablan poco y son argentinas. Podría ser una película de amor entre algunas de las hermanas y el casero. Algo de romance hay pero no alcanza para calificar a la película como romántica. Podría ser un drama para llorar a moco tendido. Tampoco lo es. Podría ser una película que le guste al público de los festivales de cine y eso sí que lo es.
Afiche.
Afiche.

En realidad la ópera prima de Milagros Mumenthaler es, para quien tenga ganas de entenderla, una película sobre la ausencia, sobre cómo construir lo que no está: las hermanas sienten cada una a su manera lo que la abuela les dejó y los espectadores deben construir el fuera de campo. Y es también una película de actrices, de tres chicas que representan la renovación de la actuación en el cine argentino. Y, eso, con el tiempo seguramente será lo más importante que nos deje Abrir puertas y ventanas.

Sobre la calificación, si usted disfruta de las películas lentas y festivaleras que buscan decir mucho más de lo que muestran y, que a veces de tan sutiles terminan olvidando parte de la historia no saldrá decepcionado de la sala de cine. En cambio si usted pretende del cine pasar un rato llevadero, reír, llorar, aprender, sentir impotencia o alguna otra emoción vaya a ver Elefante Blanco o Anima Buenos Aires o alguna de las otras buenas opciones que esta buena temporada de cine nacional, para todos los gustos, pueda ofrecerle.