8 apellidos catalanes

Crítica de Facundo Fernández Roldán - Alta Peli

Emilio Martínez-Lázaro nos trae la secuela de la comedia española más vista de su historia: Ocho Apellidos Vascos. El director vuelve a comandar al carismático elenco compuesto por Clara Lago, Dani Rovira, Carmen Machi y Karra Elejalde. Con los mismos ingredientes de la primera parte, es momento de ver si la receta logrará tener el mismo sabor que su primera parte.

Viva España, viva el Rey, viva el orden y la ley
Ocho Apellidos Vascos fue una excelente comedia de enredos, altamente divertida y entretenida que se sostenía gracias a su genial historia, su elenco y la química que había entre Dani Rovira y Clara Lago (Al Final del Túnel). Pero su éxito en su país de origen fue directamente proporcional a la polémica que desató, sobre todo por usar como fuente de comedia a la organización terrorista vasca ETA y todo lo relacionado a ella, pero como siempre ocurre con temas de esa índole, los ofendidos siempre levantarán la mano diciendo «presente».

Ocho Apellidos Catalanes toma todos los elementos que hicieron que la primera entrega se erija con el título de la película mas vista de la historia española, y los aplica de igual manera. Soslayando las locaciones, la única diferencia entre ambas cintas es su duración: mientras que la primera parte apenas si alcanzaba la hora y media, la secuela roza por poco más de diez minutos las dos horas, algo que llega a sentirse, y bastante.

Nuevamente las mejores escenas están protagonizadas por el genial Dani Rovira quien interpreta a Rafa, quien adoptará el seudónimo de Oriol cuando intente hacerse pasar por catalán, así como lo hizo en la primera parte bajo el nombre de Antxon. Lo genial de Rovira es que logra una amalgama entre lo gracioso –como la escena del poema– y lo tierno, logrando esa ambivalencia única que resulta bastante entrañable.

El resto del elenco de Ocho Apellidos Catalanes acompaña de forma genial a Rovira, tal como sucedió en la primera parte, Clara Lago vuelve a hacer de una Amaia sanguínea y fácilmente irritable que destila inquina por los poros, Koldo vuelve a ser interpretado por Karra Elejalde, logrando unas escenas delirantes junto a Rovira y Carmen Machi quien repite el papel de Merche, mientras que la gran incorporación en esta cinta es Berto Romero, quien encarna a Pau Serra, el futuro esposo de Amaia. Su composición de artista hipster es tan genial como graciosa e irritante y logra sacar varias risas.

Una de las principales virtudes de Ocho Apellidos Catalanes es que sabe que es una comedia de enredos y no busca ser más que eso. El sinsentido de su historia, la entropía y las acciones que trascurren en ella le sientan espectacularmente bien. Obviamente están presentes tópicos como los prejuicios entre los vascos, catalanes y andaluces, las costumbres tan distintas y se aborda el tema del amor y la amistad. Pero quienes buscan algo más profundo no lo encontrarán, y es que es una comedia, no un documental.

Al igual que su primera parte, esta secuela cae durante el tercer acto y pierde la gracia mientras la historia llega a su desenlace. En esta segunda entrega se nota aún más esta falencia debido a que la duración se alarga casi veinte minutos más, por lo que llega a resultar un poco densa, no porque sea una historia plúmbea, sino porque pierde la gracia. Algo que para algunos puede asolar todo lo hecho por la película en los dos primeros actos.

Conclusión
Una definición sucinta y acertada de Ocho Apellidos Catalanes que podemos detallar es que es un calco de su primera entrega, pero con un metraje más extenso. Las actuaciones graciosas, los paisajes preciosos, la música autóctona de cada región, los enredos y el sinsentido están presentes. Quizás a algunos les resulte algo larga, y más de lo mismo respecto a la primera entrega, pero ese más de lo mismo resulta altamente divertido, y quien tenga unas horas de solaz puede aprovecharlas en disfrutar con esta cinta que no la pasará mal.