360

Crítica de Beatriz Molinari - La Voz del Interior

Canciones de amor incompleto

En "360", Fernando Meirelles cuenta varias historias fragmentarias con un elenco poderoso y escenarios cosmopolitas.

Una cadena de relaciones, sentimientos y consecuencias arma la historia que involucra a una cantidad de personajes captados en un momento que puede marcarlos para siempre. Fernando Meirelles (Ciudad de Dios; El jardinero fiel) dirige 360 como un relato sinfónico en el que hombres y mujeres cumplen su destino, hasta que se pone en marcha la máxima: "Si hay una desviación en el camino, tómala".
La película transita por varias ciudades y gira en torno a la infidelidad, aunque no agota ahí la estrategia para mantener al espectador entretenido, por momentos, extrañado, como si se asomara a unas coordenadas que se le escapan. Ese es uno de los atractivos de 360.
Meirelles tiene el talento de plantear una película con elementos de la comedia romántica, el thriller, o la crítica social, pero condimenta el registro popular con cierta sofisticación en los planos, los tiempos, el montaje y el juego de pantalla compartida.

Una chica eslovaca (Lucia Siposová) posa para un sitio de internet que ofrece trabajo sexual. Llega a Viena con su hermana, frontera que cruzan cuando aparece un cliente rico, ciudadano del mundo. En el mercado global circula dinero de acceso fácil, los negocios, las llamadas por celular y los viajes en tren, avión o por autopistas. La película basada en la novela La ronda, de Arthur Schnitzler (Viena, 1862 - 1931) reúne a un elenco prestigioso: Jude Law, Anthony Hopkins, Ben Foster, Rachel Weisz, Moritz Bleibtreu, junto a artistas de otras nacionalidades e idiomas, como los brasileños María Flor (Laura) y Juliano Cazarré (Rui). Sus personajes protagonizan girones de historias en las que el amor, el matrimonio y el hastío los ponen en marcha hacia la señal de desvío.

Meirelles filma la fragmentación con sus amaneceres, calles, climas, y la música como señuelo. Las canciones suenan mientras los personajes son perseguidos por la cámara. También los vigila la moral, la religión o la buena conciencia. El mosaico es amplio, pretencioso, con momentos muy intensos, como el drama del hombre que busca a su hija desaparecida, el rol de Anthony Hopkins, siempre estupendo; o Ben Foster, el ex convicto que domina sus impulsos encerrado en el baño del aeropuerto; los diálogos de Anna, la eslovaca, y el guardaespaldas ruso. Todo está a punto de pasar mientras el círculo se cierra y el mundo sigue andando.