Un don excepcional

Crítica de Brenda Caletti - CineramaPlus+

EL AUTÉNTICO DON EXCEPCIONAL

– Por favor, no me obligues a ir. Sigue enseñándome en casa– suplica la pequeña Mary mientras revuelve el plato de cereales.
– Ya te enseñé todo lo que sé. Ya no discutas, ¿sí?–responde el tío–. Ya lo hablamos ad nauseam.
– ¿Qué es ad nauseam?
– ¿No lo sabes? Parece que alguien necesita ir a la escuela.

Esta acción despliega dos cuestiones importantes en Un don excepcional: la primera es la gran actuación de Mary Adler (Mckenna Grace), quien consigue en pocos minutos cautivar o, al menos, llamar la atención tanto del resto de los personajes, como la maestra, sus compañeros de escuela o la directora, como también y, por sobre todo, del público. Se puede pensar que el encanto diegético está dado por su don para las matemáticas y la forma de relacionarse con los demás; mientras que los espectadores se sitúan puramente en la construcción del personaje, que relaciona a la niña con el adulto, y entonces celebran cada gesto, pose o palabra que Mary realiza en la pantalla.

De hecho, su personaje no sólo opaca las actuaciones del resto del elenco, sino también le otorga una vuelta de tuerca a la historia cliché del adulto poco responsable, que debe hacerse cargo de una menor porque sus padres fallecieron. En este caso, el acierto del director de cine y videos musicales Marc Webb, está tanto en el rol que le concede a Grace como en el modo que configura la relación tío y sobrina en el humor, los guiños, la honestidad y el considerarlos semejantes.

La segunda cuestión tiene que ver con la partida y sus variadas connotaciones: sea como motivo introductorio para el desarrollo del vínculo Mary y su tío Frank (Chris Evans), como nexo que atraviesa numerosas relaciones, por ejemplo, la familiar entre Frank, su hermana y madre, como punto de quiebre dramático o como un hombre reparador de botes que deja su vida anterior para criar a su sobrina.

Otro elemento interesante es que el don no es el protagonista supremo de la película, sino un rasgo puntual de Mary que la liga a una herencia femenina (es lo que sugiere el director describiendo a tres generaciones de mujeres matemáticas en la misma familia) y, por sobre todas las cosas, el lazo con su madre. Entonces, dicho don no es tratado como un aspecto problemático que la excluye de su ámbito cotidiano; más bien, actúa como resultado genético, identitario, femenino, alejado de cualquier peso, carga y significado negativo posible.

¿Qué es un don? La pregunta pareciera sobrevolar durante toda la película. Y a final de cuentas, la respuesta aparece clara, simple y de forma permanente: no es más que la vida normal, con amigos y felicidad.

Por Brenda Caletti
@117Brenn