Suspiria

Crítica de Santiago García - Leer Cine

Suspiria (1977) de Dario Argento es una de las mejores películas que ha realizado en legendario director italiano en su extensa carrera. La noticia de una remake siempre es motivo de preocupación cuando estamos hablando de un film tan personal y tan logrado, pero toda película es buena hasta que se ha demostrado lo contrario, así que no hay que sacar conclusiones hasta ver el resultado. Luca Guadagnino ha sido el encargado de la dirección de esta nueva versión del clásico italiano. Aunque el propio realizador es italiano, la película no está hablada en su idioma, sino en alemán, inglés y francés. La película transcurre en Berlín, en 1977, y tiene un fondo de contenido político que la película de Argento no tenía ni necesitaba. El costado político de la remake es posiblemente uno de sus puntos más flojos.

No es justo seguir analizando el film del 2018 en comparación con el original de 1977. En todo caso mencionar la película de Dario Argento es más que nada para informar sobre su existencia y recomendársela a todos aquellos que no la hayan visto. Es un hecho positivo que Guadagnino haya hecho una película basada en una película (o varias) y el cine de otro realizador para hacer algo personal, con vida propia, con estética original y con sus propias ideas. Así que todo lo que sigue es un análisis de esa película, no su relación con su antecesora. Se mantiene sí, la academia de danza como ámbito principal donde ocurren los eventos.

Hay un subgénero del cine de terror al que podríamos calificar de terror artístico o, si no nos gusta, terror pretencioso. Este año Mandy (2018) es una prueba de ese género y ahora Suspiria (2018) es otro. La pretenciosidad está a flor de piel en cada escena y lejos de parecer auténticas, delatan una búsqueda demagógica para ser tomadas como arte superior. Justamente, si algo maravilloso ha tenido el género de terror es que siempre ha ido hacia adelante, apoyado más por el público que por los festivales o los intelectuales. No hay género más vivo que el cine de terror. Con películas como Suspiria (2018) parece que el género tuviera que pedir disculpas por ser popular y buscara desesperadamente un sello de cine de autor, pretencioso y críptico. Sin duda Guadagnino lo ha obtenido. Para que no queden dudas, la película agrega todo un costado político y una bajada de línea ideológica para que no sea un simple cuento de hadas sino todo un trabajo sobre la sociedad europea entre el nazismo, la guerra fría y finalmente el terrorismo de la década del setenta.

Una sofisticada iluminación, varias excelentes ideas para resolver escenas, un casting inquietante, un trabajo de reconstrucción de época impecable, todas cosas que hacen que la película se vea muy bien. Pero también una bajada de línea y un elemento alegórico difícil de digerir. También un nivel de sadismo y violencia apenas tolerable, con momentos muy perturbadores y un nivel de gore a la altura del género. Pero si el gore tenía el humor como aliado imprescindible, acá la solemnidad más extrema coloca al director en un espacio complejo. Tener que sufrir todo lo que se sufre en el cine de terror pero el entretenimiento, tener que aguantar los alardes artísticos pero en una película que no tiene nada interesante por decir. Una vez más, lo que sí se puede rescatar de Suspiria (2018) es que no es tímida a la hora de incluir elementos en su relato ni pretende ser una remake respetuosa de la obra maestra de Dario Argento.