Sin nada que perder

Crítica de Iván Gordín - Alta Peli

El nuevo oeste

Sin nada que perder (Hell or High Water es su título original) nos cuenta la historia de los hermanos Toby (Chris Pine) y Tanner Howard (Ben Foster), que con el fin de salvar la granja familiar, emprenden un raid delictivo por los pequeños y desiertos pueblos del sur de norteamerica. Luego de asaltar el banco que los está dejando desahuaciados, la voz se empieza a correr y el encargado de detenerlos será el avejentado Marcus Hamilton (Jeff Bridges). Un duelo que va mucho más allá de lo generacional e ideológico.

El cine western ya casi que tenía su certificado de defunción hacia finales de siglo XX y no pocos eran los que añoraban el regreso de uno de los géneros más prolíficos de Hollywood. En épocas de bullet time y anillos de Mordor, el retorno del cowboy parecía prácticamente imposible, sin embargo una nueva ola de realizadores lo ha traído de vuelta a través del revisionismo y la deconstrucción. Más allá de su popularidad y aparente simpleza argumental, las aventuras en el far west suelen ser plataformas metafóricas para denunciar o al menos discutir el estado contemporáneo de la sociedad americana. En los pueblos del western, sociedades religiosas y conservadoras, se cuestiona a la ley y los individuos deben tomar decisiones a contramano de su rígida moral. A la hora señalada de Fred Zinnemann y Sin lugar para los débiles de los Coen son parte de este particular grupo del que ahora también formará parte Sin nada que perder

La crisis causó un nuevo western:
Los hermanos Howard son una pareja nacida en la misma fábrica que Bonnie y Clyde, moralmente ambiguos y simpáticos para el habitual lector de policiales. Pero el atractivo de Tanner y Tobby no se queda sólo en el carisma y la “amabilidad” en el trato a sus víctimas, sino que apunta al descontento general del ciudadano promedio de Estados Unidos. Esa persona que quedó sin trabajo y sin un techo gracias a los negocios especulativos del sector financiero. El sistema en el que antes confiaban y que había fundado su país se cayó a pedazos y en este contexto la ley pierde sentido, porque sólo sirve para echarlos de sus casas. Ni siquiera la idea de pertenencia del americano de pura cepa sobrevive en este western. En el lado de los que se suponen son los buenos, esos que siempre habían alejado a los invasores, ahora están los mexicanos y los comanches. La tortilla se dio vuelta en el far west, ese sería el concepto con el que juega y retruca una y otra vez efectivamente este film.

Sin nada que perder es un film sumamente destacable en todos sus aspectos. En primer lugar, Taylor Sheridan nos vuelve a entregar otro guión brillante, que al igual que su trabajo previo Sicario, sabe condensar solidez argumental con diálogos sagaces y profundos. En segundo lugar, hay un gran trabajo de dirección por parte de David Mckenzie, brindando dinamismo y suspense pero también dejando los tiempos necesarios para que se desarrollen momentos más reflexivos. McKenzie también logra un muy buen trabajo en lo que respecta a la dirección, por fin alguien puede explotar debidamente ese diamante en bruto que es Ben Foster. Párrafo aparte para el gigante Jeff Bridges, que ya es un experto en interpretar a viejos cowboys abatidos.

Por último, no hay que olvidar el genial tema original del film compuesto por Nick Cave y, su usual compañero de los Bad Seeds, Warren Ellis (este no escribe comics) que funciona como una apertura inmejorable

Conclusión:
Sin nada que perder es un film tremendamente logrado y que seguramente se posicionará como uno de los platos fuertes en la temporada de premios de 2017.