Shazam!

Crítica de Santiago Balestra - Alta Peli

Vayan por los superhéroes, quédense por el corazón.

Si hay una cosa que no se viene viendo con mucha frecuencia (y si se ve, es más una excepción que la regla) son aquellas películas que se concentran en el fenómeno de la amistad entre chicos de la misma edad, si bien el nuevo milenio nos ha dado un par de ejemplos notorios como Supercool en el género de la comedia o It (la versión de Andy Muschietti, desde luego). Es ese el espíritu al que parece evocar Shazam!, incluso tratándose de una película de superhéroes.

Familia Elegida

Aunque los superpoderes y los supervillanos dicen presente, el desarrollo narrativo de Shazam! tiene su foco puesto en la irreverencia y la complicidad que solo pueden tener los adolescentes, pero más particularmente en el concepto de familia. O mejor dicho, que la familia que uno elige (una manera de describir a los vínculos de amistad) puede llegar a tener un peso afectivo mayor que el de la familia sanguínea, incluso arriesgándose al alegar que este peso se basa en el hecho de que esta última es egoísta y despectiva hacia algunos de sus miembros, mientras que la elegida es comprensiva. ´

Esta diferencia, esta declaración, queda clara desde la primera escena de la película y se expande hacia toda la introducción de personajes. Tanto el héroe como el villano vienen de familias que no los aprecian.

La del villano se muestra indiferente al maltrato entre miembros, mientras que la del héroe es completamente abandónica. También están retratadas las consecuencias psicológicas de la desidia de la familia sanguínea. Thad Sivana se pasó su vida tratando de demostrar que su contacto con el mago no fue mentira, y así demostrarle a su padre que no es ni loco ni fracasado, una demostración que a la larga lo consume y despierta los aspectos psicopáticos (o tan psicopáticos como lo puede permitir una película PG13) de su personalidad.

Billy Batson por otro lado, incluso con el escepticismo de la adolescencia, se aferra a esa noción que nos instauran del amor paterno instantáneo por el solo hecho de traernos al mundo. Que si bien puede tener una cuota de afecto, esa cuota puede ser abatida por la enorme responsabilidad que implica el ser responsable por otra vida, responsabilidad para la que hay que estar maduro; y no todos dan la talla.

El aspecto comprensivo de la familia elegida no nace de un repollo idealizado. Lo primero que le dicen al protagonista es que todos atravesaron su situación, inclusive los cabeza de familia. Cuando el chico huye se muestran visiblemente preocupados, pero por otro lado tampoco se sorprenden porque las actitudes no eran muy diferentes de cuando ellos tenían esa edad y tenían que enfrentar el abandono y el ajuste a una nueva familia.

Esta cuestión de la familia elegida, esa complicidad es lo que motoriza a todas las escenas de comedia que están diseminadas a lo largo de toda la trama. Porque el foco de Shazam! está puesto ahí, al menos desde una cuestión de género cinematográfico. Un foco que no pierde incluso en las escenas de acción y efectos visuales. Un foco que influye en una llegada al clímax narrativo de forma natural y no por simple convención.