Shazam!

Crítica de Diego Batlle - La Nación

Nada mejor que un superhéroe algo aniñado, un poco torpe, por momentos seductor y finalmente irresistible como Shazam como contrapeso frente a tantas películas solemnes, pretenciosas y en muchos casos fallidas como las que venía ofreciendo el universo de DC Comics.

Al director David F. Sandberg ( Annabelle 2: La creación) le encargaron una comedia de enredos, algo así como otra versión a puro desprejuicio -aunque en este caso para toda la familia- de Deadpool e hizo exactamente eso: un film liviano, algo superficial e inocente, pero que fluye con la gracia suficiente como para un disfrute sin demasiadas exigencias.

El personaje que construye con absoluta convicción Zachary Levi es un superhéroe a la antigua, incluso premeditadamente demodé que continúa la línea de Flash Gordon, el Batman de la TV y el Superman de Christopher Reeve. Y aunque no todas sus subtramas funcionan (el brujo de Djimon Hounsou y el malvado de Mark Strong son de manual), el film logra su cometido de presentar los orígenes del protagonista (en la versión adolescente, Asher Angel interpreta al huérfano), el aprendizaje del uso de sus poderes y las desventuras que esos atributos luego le generan.

Así, con algo de impronta satírica, pero también con total sinceridad, ¡Shazam! resulta una genuina y eficaz transposición del espíritu del cómic al cine.