Salud rural

Crítica de Iván Steinhardt - El rincón del cinéfilo

De visión obligatoria para todos los diputados y senadores de la Nación

En el afiche dice “Salud rural”. Se dará cuenta de qué la va éste documental. Dos palabras que en sí mismas ya representan dos panoramas contundentes en nuestro país. La primera, es una de las del “top five” en la lista de las preocupaciones principales de cualquier sociedad. La segunda (por presencia de la primera), acota este tema a un espectro todavía más preocupante dada la geografía a la cual se refiere. Primera virtud de síntesis de éste estreno.
Entre el logo de Cine Argentino y una leyenda que dice “Con apoyo del INCAA” hay una escena.
Plano general con referencia de un hombre con camisa manga corta de médico tomado de media espalda hasta los pies. Camina con una valija en su mano izquierda y lo hace en un camino de tierra. Se escuchan sus pasos en el barro, un perro que ladra y el canto de un pájaro mañanero. No anda en auto. Camina.
Su vocación y solidaridad lo llevan allí. A un lugar incómodo de llegar. La toma es en blanco y negro como si fuese una foto vieja, aunque la producción date del año pasado. Es decir, antes o ahora. Nada cambió. La cosa sigue igual. La salud rural sigue igual tanto para los que la necesitan como para los que la practican.
Veinte segundos dura esta introducción sobre la cual se puede analizar mucho más. 20 segundos. Mucho menos de lo que tarda un espectador en acomodarse en la butaca, mucho menos de lo que usted tarda en leer estas palabras, pero mucho más de lo que hacen los gobiernos (todos) por esta situación.
Es la segunda virtud de síntesis de éste estreno, y casi sin empezar da dos golpes contundentes de realidad para cualquier alma sensible.
Lo que sigue a continuación es el desarrollo de toda esta introducción. El doctor Serrano (vaya paradoja en el apellido de un médico rural) se ocupa del presente de cada uno de sus pacientes, a quienes conoce profundamente desde lo humano y lo clínico, y del ayer cuando habla del hospital donde vivía con su familia en el cual atendió durante casi 15 años.
“Salud rural” tiene en el retrato de éste médico el núcleo fundamental de un texto cinematográfico que prescinde del panfleto, pues hace nacer magistralmente el gen de la denuncia en la contundencia de las imágenes. Cada plano creado por Darío Doria tiene un nivel de precisión poética poco común y, a la vez, el trabajo de edición lo revaloriza trazando una intención de relatos corales cuando vamos pasando de paciente en paciente. Todas son historias particulares amalgamadas en una misma obra que denota un profundo conocimiento del contexto demográfico en el que se desarrolla la película. En este sentido la obra se da un abrazo fraternal con la reciente “Arreo”, de “Tato” Moreno, que con el mismo grado de amor por el lugar lleva al espectador a ser parte de una realidad casi desconocida.
Argentina ya es un baluarte y semillero de grandes documentalistas de nuestro tiempo. Cronistas artísticos de la realidad de un país. La historia les dará el lugar que merecen, pero mientras tanto hay que acercarse al cine a ver sus propuestas porque sirven y nos aportan aquello que de otra manera no podríamos ver. Las decisiones que se toman en el Congreso no parecen estar cercanas a solucionar estas problemáticas. Tal vez los documentales deberían ser de visión obligatoria para los diputados y senadores de la Nación de turno. Tal vez puedan sentir algo distinto antes de levantar la manito.

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