Pendular

Crítica de Rocío Belén Rivera - Fancinema

EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL ARTE

El arte, el amor, las obsesiones, los límites, se entremezclan en los lazos que cada uno establece en su vida. A medida que nos vamos relacionando con distintas personas o nos vamos formando como profesionales (cualquiera sea el área), tales instancias de la vida nos van poniendo a prueba y nos van formando como seres dispuestos al hacer. De esta lucha entre uno y el mundo, entre el quehacer artístico y la vida misma trata Pendular, la segunda película de Julia Murat. Precisamente ya desde el nombre, el film nos anticipa una historia llena de idas y de venidas, de contracciones, encuentros y desencuentros, tal como es la vida en general.

La película presenta la historia de una joven pareja de artistas, él escultor y ella bailarina, que se instalan en una vieja fábrica abandonada para transformarla en su lugar de creación estética, al mismo tiempo que se convierte en el hogar de ambos. Con una estética muy cuidada, con tomas realmente ideadas desde lo visualmente estético, Pendular comienza mostrándonos la cotidianidad de esta pareja: qué actividades realizan, cómo dividen el ambiente para que ambos puedas cohabitarlo, cómo llevan adelante sus respectivos trabajamos, qué conversaciones tienen, cómo hacen el amor, etcétera. Investida en una poética que deja al descubierto no solo el devenir de una pareja como tal, sino también los cuerpos en sí mismos, la calidad de la imagen nos devuelve los cuerpos como son en realidad: con arrugas, celulitis, marcas, cicatrices, exhibiendo las bellas marcas una piel que ha vivido y experimentado, lo cual se vuelve importante en el avance de la historia en sí: el cuerpo de ella, mostrando sus músculos en ejercitación continua por la danza, será un punto clave para esta pareja.

Todo es intensidad y pasión para estos dos enamorados, hasta que un hecho los saca de su cotidianidad. Este punto de inflexión nos permitirá a los espectadores reflexionar sobre cómo se construye una pareja en realidad, hasta que puntos los deseos de ambos son respetados y como los mandatos sociales de como deber ser una pareja, como se realiza una mujer y/o un hombre en sociedad, terminan repercutiendo en el interior de la mayoría de las parejas. Una vez, alguien dijo que los cineastas son visionarios, tal vez tenga razón o no, pero el film parece adelantarse a los desafortunados dichos del actor Facundo Arana pronunciados esta semana, donde habla de la realización de la mujer al momento de ser madre como única realización femenina, tal como pronuncia nuestro protagonista masculino al oído de su pareja: “quiero darte un hijo”, como si, primero el hijo fuera una propiedad; segundo, como si ella lo estuviera pidiendo como algo que le faltara y que solo le pertenece a ella, y tercero, como si él le estuviera haciendo un favor “dándoselo” deshaciéndose de toda responsabilidad. Más allá de esta extendida aclaración por parte de quien escribe, es importante traer tal tema a colación, porque es esa desafortunada frase la que hace el viraje de toda la historia de Pendular. Volviendo a la frase que dice que los cineastas son visionarios o no, podría ser certera o no, pero la realidad es que la película fue filmada con anterioridad a los dichos de Arana, lo que demuestra que algo del inconsciente colectivo en este desafortunado estereotipo de realización femenina.

Visualmente bella, poéticamente narrada, políticamente provocativa, Pendular es un interesante ejercicio de visionado y reflexión, que permite desde la forma casi puramente formal del cine, inmiscuirse en la problemática de género que tanto afecta a nuestros países latinoamericanos, pero sin volverse documental y ensalzando la ficción en su forma más artística.