Operación Overlord

Crítica de Fernando Sandro - Alta Peli

Detrás de las líneas enemigas

Los primeros minutos de Operación Overlord parecen querer meternos en una aventura bélica clásica de los años ’50, desde la tipografía e iconografía hay algo del género que brilló cuando el western dejó de ser furor.

La historia promete un grupo de paracaidistas estadounidenses que caen sobre un bosque francés cercano a una población ocupada por los nazis, algunos días antes del famoso Día D del desembarco en Normandía. ¿Historia de coraje, valentía, compañerismo, y clasismo? No, porque pronto hay indicios de que ocurre algo más.

La segunda película de Julius Avery se presenta como una mezcla de varias vertientes. Muy pronto ese estilo clásico de los títulos y los primeros minutos es cambiado por un estilo de diálogos actuales, aunque algunos personajes hablen en un tono similar al de la época que representan.

Estamos en la Segunda Guerra Mundial, los nazis son los principales y (casi) únicos enemigos: se trazaron todo tipo de mitos alrededor suyo, más allá de la cruenta realidad de los campos de concentración y el Holocausto. Entre ellos, el de las pruebas científicas.

Hay en Operación Overlord algo (mucho) de Bastardos sin gloria, sobre todo en cierto corte pop y en la figura de Chloe (Mathilde Ollivier), un personaje con aristas similares al de Mélanie Laurent en aquella.

Será Chloe, francesa opositora al régimen nazi y a quien se encuentran en el bosque, quien los introduzca en el pueblo buscando su propia protección.

Que sí, que no

Este escuadrón especial tiene como misión encontrar y derribar una antena de comunicación nazi y lo que suponen es una base de comunicación subterránea debajo de ella.

Cuando finalmente Boyce (Jovan Adepo), Ford (Wyatt Russell) y los suyos den con el lugar, encontrarán más (mucho más) relacionado al clásico mito de las investigaciones con animales y humanos… pero a no desesperar que para eso aún falta.

El principal problema con Operación Overlord es el híbrido que presenta entre lo que promete ser, lo que pudo haber sido, y lo que finalmente es.

Tanto desde el estudio como su productor ejecutivo J.J. Abrams la anunciaron como un proyecto que originalmente formaría parte de la saga variopinta Cloverfield, y dado su potencial terminó como algo independiente.

Todos los anuncios prometían más o menos lo mismo. Soldados yanquis vs. Zombies o monstruos antropomorfos nazis. Algo parecido a lo que ya vimos en Dead Snow y su secuela, pero ¿quién puede decir que tuvimos suficiente de eso?

Operación Overlord finalmente nos lo dará, y cuando lo haga no va a defraudar. Pero vamos a tener que esperar y atravesar bastante para que lo haga.

La historia pareciera correr por dos carriles diferentes: el drama bélico y el del terror con acción. Sí, el segundo es mucho más placentero que el primero, pero del drama bélico hay mucho, demasiado. Durante la primera hora se desarrollará una larga introducción en la que solo desearemos que de una buena vez nos muestren lo que se veía en los avances, y cuando finalmente lo hagan, será cuestión de un entrar y salir permanente.

Re-AniNazi

Si algo gusta de las dos Dead Snow(y se espera de la tercera para el año próximo) es su libertad para hacer lo que quiera sin demasiadas limitaciones. Es entretenimiento puro y duro, con sangre, incoherencias, y diversión como para tirar al techo.

Justamente, ese espíritu es lo que escasea en Operación Overlord. Para una premisa que se plantea como un grupo de soldados que encuentran un laboratorio nazi con experimentos humanos mortales, es demasiado ¿seria? Puede ser. Demasiado mainstream, demasiado controlada y medida.

Operación Overlord tiene escenas muy logradas que se meten en el clima adecuado, que nos hacen pensar que estamos viendo lo que queríamos ver. No escatima la sangre (aunque es bastante oscura para que sea más negra que roja), hay momentos cruentos y una imaginaria visual para el terror interesante. Pero son flashes, momentos, ráfagas, en medio de un conjunto que no llega a aburrir, pero sí a dejarnos con gusto de (mucho) más.

El guion tiene baches e incongruencias, lo cual hubiese sido hasta disfrutable de tener el abierto espíritu clase B que necesitaba. Sí, es más difícil de ocultar el poco desarrollo y carisma de los personajes.

Técnicamente es cuidada y se ve el presupuesto. Nuevamente, quizás la hubiese favorecido ir a menos con las locaciones y la fastuosidad de la fotografía, para ganar en un tono más “casero” de terror.

No podemos decir que Operación Orvelord de Julius Avery sea una película fallida, entretiene y sus aportes positivos son muy positivos. Es más bien algo con potencial de montaña rusa acelerada, yendo a media máquina.