Luciferina

Crítica de Fernando Sandro - Alta Peli

Poseídos

Ya no hay dudas de que el cine de género en Argentina vive una etapa de oro, de plena expansión y aceptación. Las nuevas posibilidades de producción y una camada renovada de directores le abren las puertas a propuestas con una mirada actual y certera.

Gonzalo Calzada es uno de los nombres que más firme viene pisando dentro de ese terreno. Sin grandes alardes, el hombre ya se anotó tres películas (dos de ellas claramente de género) que contaron con la amplia aceptación del público y de la crítica.

Un drama con tintes de comedia negra, un policial duro, una de terror mitológico ambientada en la Buenos Aires devastada por la fiebre amarilla y con la leyenda de San La Muerte rondando en la atmósfera. Cuando ni bien inició 2016 nos encontramos con Resurrección: se convirtió en el segundo film de terror más taquillero en nuestro país, espectadores y periodistas estuvieron de acuerdo en que se trataba de uno de los mejores exponentes del género salidos de estas tierras ¿Cómo se sigue después de tamaño espaldarazo?

Los caminos eran dos, dormirse en los laureles del éxito y entregar otro producto similar por repetición, o subir la apuesta. Dos años más tarde llega Luciferina, donde claramente optó por el segundo camino.

Slashers, brujería, algún monstruo, terror psicológico, adaptaciones de clásicos de la literatura de género. Argentina fue transitando por varios subgéneros dentro del terror, pero hasta ahora nunca había abordado las historias de posesiones demoníacas y ritos satánicos, por lo menos no del modo en que lo hace Luciferina.

Calzada, quien también se encarga del guion, demuestra una profunda investigación de campo para asumir la historia desde un costado serio, mezclando mitos y leyendas, religión católica con creencias de pueblos originarios, algo que parece serle afín al realizador que ya tocó esta vertiente en su film anterior.

Luciferina tiene como carta de presentación un conjunto de posesiones y transformaciones de un modo tan aterrador como intenso, alejado de cualquier matiz que nos haga pensar que estamos en una comedia de terror. Acá el demonio es cosa seria.

La hija de la luz

Luciferina sigue la historia de Natalia (Sofía Del Tuffo, atención con esta actriz), una novicia que se encuentra recluida en un convento. Esta situación no va a perdurar mucho, ya que al inicio del film nos enteramos que su madre se ha suicidado y su padre ha fallecido.

Pese a rehusarse a salir, las monjas responsables la obligan a dejar el lugar, y es así como Natalia abandona el convento regresando a casa, donde se encontrará con Ángela (Malena Sánchez), su hermana.

Pero Natalia no es una chica más: aparte de poseer un carácter introvertido muy distinto a la más oscura e intensa Ángela, lo que la diferencia del resto es un don que le permite ver la luz interior de las personas, su aura mediante un estadio de trance.

Los padres de las chicas tienen muchos secretos ocultos y Ángela desea descubrirlos de una vez. Por eso planea un viaje a una isla de Tigre con el grupo de amigos que la acompaña, donde experimentarán con el antiguo rito originario del ayahuasca, proporcionado por un chamán (interpretado por Tomás Lipán).

Por supuesto Natalia no quiere saber nada, pero las circunstancias la llevarán a acompañar ese viaje. Momento en el que todo se saldrá de cauce y también momento para dejar de adelantar las vueltas que el inteligente guion de Luciferina posee.

Los juegos del demonio

Nuevamente, Calzada pudo optar por poner a los personajes en situación. Ubicar a este grupo de jóvenes frente a un rito, jugando con lo desconocido y pagando las consecuencias de despertar fuerzas malignas, eliminándolos uno por uno. Pero no, Luciferina retuerce su historia y va más allá: no sólo es la historia de un grupo de jóvenes enfrentando fuerzas demoníacas desconocidas, sino que se plantea una batalla superior realmente interesante.

Los aciertos del film no terminan en un ajustado y preciso guion sin fisuras. Como lo demostró en sus trabajos anteriores, Calzada es un muy competente director de actores, y junto al trabajo de coach actoral lograron una gran amalgama en un elenco que junta dos generaciones.

A Del Tuffo y Sánchez se les suman Pedro Merlo, Gastón Cocchiarale, Francisco Donovan, Agustín Dualte, y Sefanía Koessl en el reparto joven. Todos lucen frescos, dinámicos, apartados de un típico cliché más allá de tener características marcadas, cumpliendo con lo que el film necesita. Obviamente, por los roles que les tocan y la entrega a los mismos, Sofía Del Tuffo y Pedro Merlo destacan logrando escenas muy potentes desde lo actoral. La interpretación de ambos y la química que logran es uno de los pilares fuertes necesarios de la propuesta.

Párrafo aparte para Desireé Salgueiro en una actuación deslumbrante para un personaje que mejor ver que contar. Lo suyo es hipnótico y de un compromiso absoluto.

Victoria Carreras, Tomás Lipán, y en especial Vando Villamil y Marta Lubos como dos personajes con un contrapunto muy particular, integran el elenco adulto, con la sobrada experiencia que se les conoce y en interpretaciones muy logradas para este tipo de películas. Repetimos, Marta Lubos merece una película aparte, a la altura de Lyn Shaye con La noche del demonio.

Luciferina  también destaca en lo técnico con una brillante creación de atmósfera y clima en donde conjugan la fotografía, la recreación de ambientes y puesta de locaciones, la banda sonora con una canción especial compuesta por Lipán, la mezcla de sonidos espeluznantes que colaboran al golpe de efecto, sumado a un trabajo de doblaje realizado por el actor Chucho Fernández como LA voz del demonio, y un montaje que va subiendo el ritmo del film para crear sugestión sin jamás volverse apresurado. Simplemente hablamos de un trabajo perfecto.

Por último, el mayor riesgo de Luciferina es asumirse desde entrada como primera parte de una trilogía, La trinidad de las vírgenes, si bien puede verse también como film individual. Esa ambición de Calzada de pretender narrar una historia global que encierre otras historias, las cuales al igual que Resurrección también tendrán sus adaptaciones literarias, nos habla de la enorme visión del director.

Conclusión

Luciferina apuesta a más y más. Se ubica dentro de los estándares más altos de nuestro cine, logrando no solo espantos reales y varios momentos de sobresalto genuinos, sino imágenes hipnóticas y una historia con una profundidad inusual para el cine de género. Adentrarse a ella es abrirle las puertas a un universo único.