La posesión

Crítica de Henry Drae - Fancinema

EL PROBLEMA DE LA INSEGURIDAD

No sería esta la primera película que intenta colarse en el terror demoníaco partiendo desde otro género, más específicamente del policial, terreno muy fértil para que la adrenalina fluya de otra manera y capte la atención del espectador hasta que la historia se convierta en lo que quiere ser.

En el caso de La posesión (traducción anodina si las hay para el subgénero, a estas alturas) cumple con esa premisa de plantear el escenario de un hecho policial -en este caso el secuestro de una joven- que se les irá de las manos cuando la víctima no sea alguien fácil de manejar, al menos en este mundo.

El director olvida las sutilezas y nos presenta un intento criminal violento sin demasiado sentido, sobre todo porque quien parece liderar y a la vez haber originado intelectualmente el crimen, es más bien complaciente con su víctima y hasta le explica el porqué de su proceder. El resto de los pandilleros son toscos, aunque parezcan preocupados por su estética y se ponen como locos ante cualquier eventualidad inicial sin ninguna razón práctica o justificación. Claro que dichas eventualidades pasan a hacerse cada vez más serias y van de las apariciones espectrales y visiones inquietantes a las acciones directas de esas ilusiones para dañar al grupo. Cuando piensen en hacer algo para revertirlo será tarde, ya que la víctima de su secuestro es quien origina el mal que los aqueja.

El problema más grande que tiene la película es la coherencia, algo que pierde en la misma proporción en la que intenta captar la atención. Cuesta engancharse al principio por lo torpe de las acciones y cómo son presentadas, a pesar de que no parece faltar presupuesto en esta producción sudafricana. Si bien la protagonista Sharni Vinson viene de destacarse en un personaje digno en la bien valorada Cacería macabra, aquí se derrocha su intensidad y termina siendo poco disfrutada su participación. La chica poseída y los rufianes no están del todo mal, pero en ningún momento se los puede tomar en serio, quizás por sus líneas en el guión y lo poco sensato de lo que sucede a su alrededor.

Cuando todo esto intenta encausarse en una explicación de manual, a través de una serie de videos, ya es un poco tarde para tomarse en serio al bodoque. Y más cuando esa explicación parece ser un permiso irrestricto para que el demonio o lo que sea que posee a más de un cuerpo a partir de allí, tenga unos límites a su accionar bastante extraños. Por ejemplo, es capaz de detener balas a lo Magneto de X-Men o Neo de Matrix y ejercer un dominio telekinético de lo que lo rodea pero no de quitarse un simple grillete, y al mismo tiempo puede recibir un palazo por la cabeza y ser afectado como un mortal más. Luego los poseídos -contagiados y de inmediato comportamiento típico de zombies- exhiben unas lenguas con protuberancias para atacar a su víctima pero se demoran en hacerlo una eternidad, y se ponen a jugar como si el equipo de fx estuviese orgulloso del resultado en pantalla y necesitara mostrarlo para que no quede ninguna duda.

El final no se hace menos lamentable y aunque se trate de una película breve, desearemos con pasión que no se repita la experiencia, y que si tiene que haber secuestros se filmen con cierta seguridad de lo que se quiera contar.