La larga noche de Francisco Sanctis

Crítica de Guillermo Colantonio - Fancinema

UN LARGO Y SINUOSO CAMINO

La vida de Francisco Sanctis no parece reposada, a juzgar por las primeras imágenes de colores otoñales. El interior de su cocina alberga a personas inquietas, insatisfechas, desayunando a las apuradas. Es un cuadro muy lejano a la idea de familia armónica y feliz de tantos films concebidos en la dictadura. La plata no alcanza, hay un ascenso que se posterga y la vida de oficina se desarrolla entre chismes e indiferencia. Sin embargo, la monotonía se interrumpe a partir de un llamado que parece devolverle la existencia a Francisco: una vieja amiga quiere verlo. La expectativa (el deseo de reencontrarse con un amor de juventud) se trastoca en una responsabilidad enorme que pone en jaque su vida (obtiene un dato sobre una pareja que secuestrarán esa noche). Una vez que la espina se clava, la duda del protagonista será transferida a nosotros y seguiremos su eterno periplo por la noche, con secuencias muy bien dilatadas y un eficiente manejo narrativo destinado más a sostener una atmósfera que a la espectacularidad.

Es que, más allá del contexto político y el valor que conlleva como carga, los directores Andrea Testa y Francisco Márquez apuestan por mantener en vilo al espectador, a tal punto que el trabajo con el sonido (nótese la amplificación de los pasos por las calles) y el registro de la noche conectan al film con el terror, solo que el miedo nace de la incertidumbre, de lo que bordea el recorrido de Francisco (milicos que pasan cerca, gente que apenas abre sus puertas, el refugio de un cine fantasmal, barrios desolados). Hay en este sentido una transferencia del pavor y de la duda que funciona muy bien para escenificar una época de rumores, comunicaciones clandestinas y destinos inciertos. Por cierto, La larga noche de Francisco Sanctis fusiona eficientemente la idea de género con el contexto político sin cargar con la mochila de pensarse sólo en función de un contenido aislado que repita fórmulas ya adheridas al informe de tipo televisivo. Es por eso que a medida que avanza se transforma en un sólido ejercicio cuyo trasfondo hace más temible todo.

En relación a lo anterior, el recorte que hace La larga noche de Francisco Sanctis sobre el protagonista extraviado en una ciudad tenebrosa permite construir una atmósfera capaz de combinar una angustia de tipo kafkiana con pasajes deudores de la mejor tradición gótica. Además, el peso de tomar una decisión incorpora al espectador dentro de un dilema, le transfiere un estado de incertidumbre que acompaña al mismo personaje pero siempre con la distancia necesaria. En este sentido, lo más interesante surge de la posibilidad de cerrarse a esa sensación inquietante que domina el periplo de Francisco. La política se cuela por todos lados pero no por ello se resigna la condición de un thriller impactante, sostenido con un ritmo narrativo compacto. El dejar fuera de campo indicios contextuales sin perderlos nunca de oídas sobre todo es una decisión inteligente de los directores, ya que, con dos o tres intercambios verbales, el terror de esa época se clava desde el comienzo como una estaca.