La favorita

Crítica de Ricardo Ottone - Subjetiva

“La favorita”, de Yorgos Lanthimos
Por Ricardo Ottone

Yorgos Lanthimos fue construyendo una carrera como suerte de enfant terrible, desde sus inicios como la cabeza más visible de los que se bautizó en su momento como la “Ola Rara Griega” a su consagración en el circuito festivalero y su posterior importación al Reino Unido donde filma actualmente. Esa fama se la creó en base a películas que juegan con el absurdo y con cierta mirada despiadada y un tanto misantrópica que apuesta a provocar extrañamiento e incomodidad en el espectador. La favorita su última película, premiada en varios festivales y nominada a 10 Oscars, entre ellos el de Mejor Película y Mejor Director, se puede ver como una continuidad de su obra y a la vez como una evolución.

Ambientada a principios del siglo XVIII y basada en personajes y hechos reales, algo que a la Academia de Hollywood le encanta premiar, la película sin embargo no se concentra tanto en la reconstrucción histórica -que igualmente está presente y es de rigor- o en seguir la saga de los grandes acontecimientos, sino en la relación personal, incluso íntima, de su trío protagónico compuesto por la Reina Anne, soberana del Reino Unido (Olivia Colman), su amiga y principal consejera Lady Sarah (Rachel Weitz) y la recién llegada nueva sirvienta Abigail (Emma Stone). Lanthimos toma a estos personajes reales -y a la Guerra de Sucesión Española de fondo, con Francia como principal enemigo- para la puesta en escena de lo que más le importa, que es la dinámica entre estas tres mujeres, los juegos de poder, las intrigas palaciegas, las alianzas circunstanciales y su guerra asordinada.

La Reina Anne, aquejada de múltiples dolencias, es incapaz de sobrellevar los asuntos de gobierno por su cuenta. Para eso, entre otras cosas, está su amiga Lady Sarah, su principal consejera que la acompaña, la cuida, la asesora, le ayuda a tomar decisiones y también se toma algunas cuantas atribuciones sin consultarla. Debido a la debilidad de la Reina, Lady Sarah se transformó en un factor de poder en sí mismo y también filtra a su antojo el acceso a la soberana, lo cual le acarrea ciertas enemistades. En ese contexto viene a caer Abigail, una joven de buena familia pero caída en desgracia que consigue un puesto como criada en el palacio. Abigail es bastante avispada y empieza a labrarse primero el favor de Sarah y luego el de la propia Reina para conseguir ascender socialmente y poder a su vez ejercer cierta influencia. Esta competencia por ocupar el puesto de la favorita de la Reina, que incluye todo tipo de artimañas y juegos de seducción, va a enfrentarlas en una escalada de hostilidades, trampas y traiciones.

Ambas mujeres son ambiciosas aunque con diferentes motivaciones, la de Abigail es recuperar una posición social y lograr cierta estabilidad, mientras que la de Sarah es claramente la voluntad de ejercer el poder. La relación entre ambas y sus vaivenes es el eje del relato, primero una amistad nunca demasiado firme, luego la desconfianza, el resentimiento y sobre todo la rivalidad que se va jugando a partir de pequeñas batallas, dardos venenosos, fatigosas intrigas y el aceitado ejercicio de la hipocresía. El premio, si se lo puede llamar tal, es obtener el favor de la Reina que incluye un mejor posicionamiento pero también soportar una carga no muy fácil de llevar. Ana es un personaje inestable, caprichoso, infantiloide y por momentos odioso. Pero además es un personaje herido, no solo por sus numerosos achaques físicos sino, y por sobre todo, emocionalmente quebrado por numerosos embarazos que se perdieron o terminaron en la muerte de los recién nacidos. Sus arrebatos y berrinches en un personaje con semejante poder la vuelven incluso peligrosa y el juego que Abigail y Sarah juegan tiene sus premios y sus riesgos,donde se puede pasar sin mucho trámite de la desgracia a la cima y viceversa y el alcanzar una posición no garantiza conservarla.

En films anteriores Lanthimos presentó universos con reglas disparatadas o absurdas pero rígidas e incuestionables. Las extrañas reglas familiares con que los padres de Colmillos (2009) educan a sus hijos y los mantienen ignorantes del mundo exterior o las reglas de la sociedad distópica de Langosta (2015) con sus solteros obligados institucionalmente a emparejarse en determinado plazo. Así, el estado de cosas en el palacio, con los caprichos convertidos en ley de una soberana inestable, a los que todos deben acomodarse y procurar influirla sin que ésta lo advierta, van en el sentido de su obra. Pero también hay una ampliación de su registro. Con la desoladora excepción de El sacrificio del ciervo sagrado (2017), Lanthimos ha dirigido comedias que son un poco raras y desconcertantes, de un humor seco y absurdo. La favorita marca su incursión en un género de origen norteamericano como el de la Screwball Comedy. Diálogos rápidos, personajes femeninos fuertes, ácidos comentarios sobre las convenciones sociales y el conflicto entre clases son varios de sus elementos, trasladados a un marco de época pero claramente reconocibles dentro del género.

En una entrevista del sitio Imdb, las tres actrices principales cuentan que en la preproducción Lanthimos les hizo ver clips de tres películas: Extraña pareja (Gene Saks, 1968), La adorable revoltosa (Howard Hawks, 1938) y ¿Qué pasa doctor? (Peter Bogdanovich, 1972). Las tres actrices interpretan perfectamente esta propuesta y juegan ese juego de manera fluida y desopilante. Los diálogos veloces y a veces envenenados son importantes no sólo en relación al gag sino también en su capacidad de disociación, de poder decir lo más terrible con una sonrisa, lo más absurdo con naturalidad y donde la posibilidad de decir la frase equivocada puede costarlo todo. Las actrices tienen además la capacidad de hacer cercanos semejantes personajes y lograr que comprendamos sus razones aun si sus dichos y acciones son cuestionables.

Hay cierta afinidad con otro film de época como Barry Lyndon (Stanley Kubrick, 1975), una historia de ascenso social a toda costa con una visión cínica de las relaciones sociales. También por el uso de ciertos recursos cinematográficos como los largos y fluidos movimientos de cámara y lentes gran angulares para desplazarse por ese palacio que es la locación privilegiada. A estos suma otros para enfatizar ciertas escenas, como el montaje paralelo y el uso minimalista pero expresivo de la música. La favorita es algo así como una Screwball Comedy de época, inteligente, divertida y filosa. Puede ser que Lanthimos haya alcanzado su consagración hollywoodense, pero por suerte sigue siendo un griego raro.

LA FAVORITA
The Favourite. Reino Unido, Irlanda, Estados Unidos. 2018.
Dirección: Yorgos Lanthimos. Intérpretes: Olivia Colman, Emma Stone, Rachel Weisz, Nicholas Hoult, Joe Alwyn, James Smith, Mark Gatiss. Guión: Deborah Davis, Tony McNamara. Fotografía: Robbie Ryan. Edición: Yorgos Mavropsaridis. Dirección de Arte: Caroline Barclay. Producción: Ceci Dempsey, Ed Guiney, Yorgos Lanthimos, Lee Magiday. Diseño de Producción: Fiona Crombie: Distribuye: Fox. Duración: 119 minutos