La bruja

Crítica de Lisandro Liberatto - Alta Peli

Que las hay, las hay

Desde su estreno en festivales a comienzos del año pasado La Bruja se convirtió en uno de los films de terror más esperado por todos los cinéfilos. Incluso llegó a formar parte de nuestra lista de Sundance 2015 sobre las películas que queremos ver en Argentina, algo que creíamos impensado pero que se volvió en realidad cortesía del a gente de UIP. Los comentarios que llegaban de afuera no eran más que halagadores y posicionaban a La Bruja como una de las películas más aterradoras del año. Muy a mi pesar estoy en desacuerdo con esa afirmación, pero eso no significa que el film de Robert Eggers no sea una de las cintas de horror más inquietantes e incómodas de los últimos tiempos.

Estamos en algún momento de la década de 1630. Sesenta años antes de los infames juicios de Salem, que pusieron fin a una etapa de histeria colectiva en el que diecinueve personas -en su mayoría mujeres- fueron sentenciados a arder en la hoguera al ser encontrados culpables de practicar brujería. En el estado de Nueva Inglaterra una familia de cristianos presbiterianos son excomulgados por su iglesia y deben abandonar su plantación instalándose a metros de un espeso y oscuro bosque. Thomasin, la hija mayor, se encuentra un día cuidando al bebe de la familia cuando de un momento a otro este desaparece sin dejar rastro. El hecho afecta terriblemente a la familia, en especial a la madre quien culpa a Thomasin de lo sucedido. Pronto también deberán lidiar también con la perdida de las cosechas de la temporada y otros incidentes que suceden en la granja, desgracias que la familia asegura que están causadas por la obra de brujería y todas las sospechas parecen apuntar a Thomasin.

En reiteradas entrevistas, el director Robert Eggers afirmó no ser un aficionado del cine de terror más allá de un puñado de películas de los años setenta y ochenta entre las que se encuentra El Resplandor, film del cual podemos notar algunas influencias. Estas declaraciones sirven para entender un poco su aproximación al género, ya que La Bruja es un film de horror poco ortodoxo. La fotografía pareciera inspirada en cuadros de la época, sin cortes rápidos, con muchos planos cortos y otros estáticos en los que Eggers permite que la acción se desarrolle y evolucione. Al mismo tiempo, es tanto un drama como una película de terror. Es un film que refleja la destrucción de una familia que debe enfrentar la desaparición del mas pequeño de sus integrantes, volviéndola una suerte de Ordinary People en la Nueva Inglaterra del siglo XVII y con un trasfondo satánico. Es también la historia del despertar sexual de una joven, hija mayor de una familia cristiana ultraconservadora, en tiempos donde la sexualidad femenina era condenada y asociada con la brujería. Todos esto elementos transforman a La Bruja en una experiencia emocionalmente desgastante, totalmente alejada de los convencionalismos del género que pueblan las cintas de horror de hoy en día, donde sobran los sustos por golpes de efecto o la clásica subida de volumen que molesta más de lo que espanta. Quizás no llegue a ser aterradora -aunque original y arriesgada, la aproximación de Eggers al género nunca se lo permite- pero es sin lugar a dudas inquietante e incómoda, como si supiéramos que estamos dentro de una pesadilla pero de la que no podemos despertarnos.

El excelente trabajo que se hizo manteniendo la exactitud histórica es otro de los grandes aciertos de la película. Algo que no se queda sólo en la construcción de sets y vestuario, estando también incluso en su propio guión que mantiene los diálogos y el comportamiento de los personajes tal como hubiera sido en una familia fundamentalista del siglo XVII. Por eso el mérito de los actores es doble, pudiendo entregar interpretaciones por demás de intensas mientras les toca recitar lineas con las que sería muy fácil echar a perder toda credibilidad. Anya Taylor-Joy como Thomasine es el gran acierto en este sentido, ya que la joven tiene que cargar con la película al hombro y su trabajo no es nada menos que admirable.
Conclusión

No caben dudas que La Bruja es una película de terror poco convencional. Más cerca del cine que solía hacerse hace treinta o cuarenta años que de los estrenos que pueblan la cartelera argentina semana tras semana. Robert Eggers logra una película incomoda y por momentos hipnótica, que aunque no llega al punto de pero aterrarnos nos hará partícipes de algunas de las escenas más intensas que vamos a vivir este año dentro de una sala de cine.