Infierno en la tormenta

Crítica de Jessica Blady - Filo.news

Infierno en la Tormenta empieza muy bien, pero se desinfla de a poco

Alexandre Aja encuentra el peor lugar del mundo donde podés quedar atrapado en medio de un huracán y una banda de caimanes hambrientos.

Un día, los realizadores franceses se cansaron de hacer películas bellas y profundas, y decidieron establecer otro tipo de cine, uno que impacte, que obligue a los espectadores a enfrentar todo aquello que no les gusta y que, de paso, rompa con todos los tabúes establecidos. Desde bien entrado el nuevo milenio, los cineastas del “Nuevo Extremismo Francés” siguen los ejemplos de compatriotas como Georges Franju, el Marqués de Sade o Georges Bataille y, sin sutilezas, se despachan con obras “extremas” (dah) cargadas de vísceras, hemoglobina y un planteamiento artístico bien riguroso, que no deja de tener su encanto.

Queda claro que su finalidad no es entretener, sino mostrar las cosas tal cómo son, y para ello se agarran de elementos que rozan el porno, el gore y el cine terrorífico, mezclando temas como la sexualidad, el dolor, el sufrimiento y la violencia en todas sus formas, poniendo a prueba hasta los estómagos más fuertes. Dentro de ese grupo de jóvenes promesas con ganas de revolucionar el género, tenemos a Alexandre Aja, quien irrumpió en nuestras retinas con “Alta Tensión” (Haute tensión, 2003), una historia más apegada a los parámetros del “slasher convencional”, que no tiene nada que envidiarles a clásicos como “Martes 13” (Friday the 13th, 1980) o “Halloween” (1978)… hasta que todo se desmadra y se ramifica hacia lugares mucho más incómodos.

Aja se “mudó” a Hollywood con la remake de “Despertar del Diablo” (The Hills Have Eyes, 2006), bajo el patrocinio del mismísimo Wes Craven, y siguió sumando historias terroríficas como “Espejos Siniestros” (Mirrors, 2008) y la nueva “Piraña” (Piranha 3D, 2010). “Infierno en la Tormenta” (Crawl, 209) vuelve a enfrentar a sus protagonistas con criaturas un tanto hambrientas, mezclando horror y tripas, con el azote implacable de la madre naturaleza y cuestiones muy humanas como la necesidad de supervivencia.

Lo mejor de esta historia que no deja de generar tensión (y arcadas) a lo largo de sus escuetos 87 minutos de duración, es la facilidad con la que el director logra manejar sus pocos recursos y mantener el ritmo de un relato acotado, casi suscrito a un solo escenario, donde los personajes tienen una única misión: salir con vida. Aja rejunta elementos del cine catástrofe, el acecho de las criaturas en cuestión (acá, caimanes gustosos de la carne humana) y un poco de drama familiar, muy bien llevado por Kaya Scodelario y Barry Pepper. Sí, el soldado Jackson ya está en edad de convertirse en el papá de Effy Stonem.

Esto en Skins no pasaba
Haley Keller (Scodelario) es una estudiante universitaria cuyo fuerte es la natación. Si no destaca puede perder su beca, así que la presión de la victoria la persigue casi, casi desde la infancia cuando papá Dave (Pepper) se dedicaba a entrenarla. La relación padre-hija se fue desmoronado tras el divorcio de los Keller, pero ambos siguen viviendo cerca, dentro del estado de Florida. Tras una de sus tantas prácticas, Haley recibe la llamada de su hermana preocupada por el paradero de su papá, mientras afuera se desata un huracán de categoría 5. Muy a su pesar, la chica decide evitar los controles policiales e ir en busca de su progenitor, el cual no aparece por ningún lado.

Finalmente, resuelve ir a la vieja casa familiar, ahora en venta, ubicada en Coral Lake, una zona propensa a las inundaciones, pero también cercana a una granja de caimanes. Haley encuentra a su papá inconsciente y herido en el bajo fondo de la vivienda, y pronto descubre que no están solos. Aparentemente, un reptil gigantesco se metió a través de los desagües de tormenta, dificultando el escape del lugar. Entonces, la situación es la siguiente: a medida que el huracán avanza, el sótano comienza a inundarse complicando la permanencia de los habitantes humanos, pero favoreciendo la de los feroces cocodrilos que empiezan a reunirse en bandada.

Sobre llovido, mojado
Aja y los guionistas Michael y Shawn Rasmussen se detienen en cada uno de los detalles, por más truculentos y sangrientos que sean (cuanto más mejor, ¿no?), entregando una narración claustrofóbica cargada de impotencia, más cuando vemos lo mal que lo pasan los protagonistas. “Infierno en la Tormenta” es una historia a contrarreloj que, en medio del terror y los peligros, se da tiempo para concentrarse en las relaciones humanas, sobre todo la de esta hija y su padre que, ante la inminencia de la muerte, aprovechan para descargar todos sus miedos y sus culpas.

Sí, un poco predecible y de manual, pero la dinámica de este dúo, las pericias cinematográficas de Aja y los climas que va creando, diluyen un poco los errores narrativos y algunos efectos especiales flojitos de papeles. El realizador se concentra en el aquí y el ahora, pero en un punto se le acaban las ideas y sólo puede seguir agregando situaciones mortales hasta llegar a un desenlace, más o menos esperado.

Acá, jugando a "el suelo es lava"
No lo culpamos, ya que este tipo de historias cuasi ‘experimentales’ y autocontenidas no tienen muchas salidas posibles si deciden cortar por lo sano y un argumento creíble, cayendo inevitablemente en las repeticiones y en la tortura constante hacia sus protagonistas. “Miedo Profundo” (The Shallows, 2016) es un ejemplo bastante correcto y cercano para ilustrar el éxito de este tipo de films con una premisa muy simple, muchos golpes de efecto y pocos sustos gratuitos, donde lo humano cobra relevancia ahí donde la naturaleza y los elementos externos se empecinan en complicarlo todo.