Hipersomnia

Crítica de Alejandro Turdó - A Sala Llena

Trata y surrealidad

Gabriel Grieco es un joven director que en 2014 tuvo una muy recepción gracias a su largometraje Naturaleza Muerta (2014), y claramente envalentonado con su buena experiencia dentro del género se despachó con Hipersonmina (2016). Dejando de lado el terror fantástico y en clave slasher de su trabajo previo, en su nuevo opus la ficción se funde con problemáticas del mundo real, esas que asustan mucho más que cualquier monstruo sobrenatural salido del mejor guión.

Hipersomnia cuenta la historia de Milena (Yamila Saud), una chica que es elegida para ser la actriz principal de una ecléctica obra teatral dirigida por un hombre sumamente particular, interpretado por Gerardo Romano en un papel que parece sentarle perfecto. Milena comienza a experimentar una suerte de realidad alternativa a medida que avanzan los ensayos de la obra en la cual es una esclava sexual, dentro de un grupo bastante heterogéneo de jovencitas. Cada una de ellas se encuentra en dicha situación contra su propia voluntad. El thriller comienza a andar un lento pero efectivo camino, que va tomando forma dentro del relato, conforme esta segunda realidad va tomando el centro de la escena, en sentido literal y figurado.

La propuesta invita al espectador a sumergirse de lleno en esta alternancia de realidades planteada desde un guión, en el cual se percibe la influencia de obras como Sucker Punch: Mundo Surreal (Sucker Punch, 2011) y El Cisne Negro (Black Swan, 2011), con una referencia aún más sutil a El Hombre Duplicado, el clásico de José Saramago. A pesar de estar claras referencias, el guión de Grieco -en colaboración con el co-autor de Terror 5 (2016), Sebastián Rotstein- se las ingenia para no caer en lugares comunes del género y entrega una narración sumamente atrapante.

El resto del reparto se completa con un mix entre actores consagrados -Gustavo Garzón, Peter Lanzani, Jimena Barón, Nazareno Casero- y jóvenes figuras haciendo sus primeros pinitos en la cinematografía nacional, como Florencia Torrente y Candela Vetrano, sumándose algunos cameos simpáticos que odiaríamos develar antes de tiempo.

Por momentos se percibe una pequeña falta de ritmo, probablemente el único defecto, demorando la llegada de un tercer acto que sorprende en el mejor de los sentidos. Hipersomnia es un muy correcto ejemplo de una de las tantas formas en que se puede acercar el cine local al género, cuando hay de por medio una historia interesante en la cual apoyarse.